Jesús Emilio de Leo 

En 2013, Editorial Planeta en España y en 2015, Ediciones Culturales Paidós en México, publicaron Curso urgente de política para gente decente del académico y escritor Juan Carlos Monedero, quien dirige el Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Sociedad Civil Global del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. 

En la sinopsis, Monedero nos comparte que el libro surge como un instrumento de acción y emoción de una sociedad que quiere reinventarse y convertirse en una red de apoyo. Afirma que no hay una salida individual y que la mejor autoayuda que podemos tener es la colectiva. 

En uno de los capítulos intenta construir una definición personal acerca de la política, de la cual afirma que se le relaciona con lo mejor y lo peor del ser humano, pero para saber de política se requiere de tiempo, conocer sus conceptos, discutirlos y disponerlos para que sean útiles para la transformación social o para el mantenimiento del orden. Sugiere que el ejercicio de la política reclama diálogo y requiere compromiso para resolver los problemas que derivan del conflicto. Entonces, la política exitosa es cuando se vence el conflicto, no cuando se elimina a los críticos, se intenta encubrir los conflictos o simplemente se desvian. 

El autor también devela que existen la mínima política y la negación del conflicto, el primer concepto consiste en la radicalización de nuestra condición de individuos y el segundo en la invisibilización de las diferencias, factor que tiene como efecto el máximo de los conflictos. Ante este panorama, propone que es necesario fortalecer los vínculos sociales para que el Estado no comparta terreno con mafias, cárteles de la droga, paramilitares, bandas, empresarios sin escrupulos, pandillas o depredadores solitarios. 

El libro no tiene como propósito despolitizar la vida social, al contrario, propone dotar de nuevos elementos de análisis a los individuos para fortalecer la vida en grupo y hacerlos concientes de que las luchas de ayer son los derechos de hoy. Si el objetivo fuera despolitizar, implicaría un retroceso en todos los campos de la política que han contribuido a la resolución de conflictos. Bajo estas ideas, Monedero concluye que la política es el ámbito de lo social vinculado a la definición y articulación de metas colectivas de obligado cumplimiento. 

En su análisis acerca del sistema político, afirma que es real lo que por momentos se ha pensado que es ficción, existen relaciones entre corporativos y gobiernos economicamente poderosos que son mediadas por pensadores, académicos e intelectuales con intereses de grupo. Expone como ejemplo un documento de 1975, titulado, La crisis de la democracia, informe redactado por Samuel Huntington, Jori Watanuki y Michel Crozier, en el cual se propone que el mundo debe adoptar un programa neoliberal donde los gobiernos muten, dejando de ser pluralistas y democráticos para alinearse a formas de gobierno supranacionales que garanticen el comercio mundial soportado en programas de privatización y de competitividad extrema. En el documento se revela que los autores identificaron cuatro disfunciones de las democracias contemporáneas: deslegitimación de la autoridad y pérdida de confianza en el liderazgo, sobrecarga del Estado ocasionada por una mayor participación ciudadana, gran división social y estrechez de miras nacionalistas. La ruta que emprendió el neoliberalismo fue desviarse del conflicto, por lo tanto, los partidos políticos abandonaron su labor de gestión y se convirtieron en creadores de conflictos, abandonando el consenso y enarbolando intereses particulares. También, agrega que gran parte de los medios públicos fueron convertidos en órganos partidistas. El resultado, fue la sustitución de la democracia por la competitividad gubernamental. 

Aproximándose a los últimos capítulos del libro, deja entrever que la izquierda se quedó sin alternativa a partir de 1989 y afirma que “la izquierda que no era socialdemócrata se socialdemocratizó”, se acercó al neoliberalismo y se convirtió en la tercera vía, pero algo que la caracterizó fue que sus partidos se convirtieron en los partidos de las reclamaciones y fincaron sus principales propuestas en el añoro del pasado. Lo anterior, es a lo que el autor inglés Colin Crouch llama posdemocracia, la cual es una mirada a un pasado idealizado y tiene como consecuencia el incremento de desigualdades, ampliación de diferencias entre el norte y el sur, el desgaste medioambiental, el desempleo y la precariedad laboral. 

Para finalizar, propone que la democracia del siglo XXI, no debe tratar de recuperar el pasado, ni de negarlo, sino de criticar al Estado social desde diferentes perspectivas, desde el liberalismo, el marxismo, el ecologismo, la crítica generacional, el pacifismo y agregarle una cierta dosis de utopía que impulse una verdadera transformación social que promueva la solidaridad moral de la multitud.