Oaxaca.- Desde ayer domingo desde temprana hora recibí llamadas de familiares de clientes internos y de los mismos internos en dicho penal, donde me informaban del rumor insistente de un traslado masivo o tal vez de un cateo en dicho centro penitenciario.

Incluso me pidieron que promoviera juicios de amparo ante un probable traslado, solicitando una suspensión, comentándoles que no presentaría ninguna demanda de amparo de esa naturaleza, porque los traslados no son considerados casos urgentes y dicha demanda se tendría que presentar hasta hoy lunes, cuando dicho traslado probablemente ya se hubiere efectuado, y además porque no eran traslados necesarios por medidas de seguridad, sino por el cierre total de la penitenciaría, en cumplimiento a la política de reinserción social aplicada por el estado. Y en todos los casos el amparo no tendría ningún efecto restitutivo.

El cierre se efectuó en la madrugada, y hoy vi diversos reportajes que presentaban las instalaciones totalmente vacías y vino a mi mente la primera vez que ingresé al mismo, siendo en el año 1987, en mis inicios como litigante, siendo estudiante de Derecho, donde visité a O.O.P. que se encontraba a disposición del Juzgado Tercero de lo Penal del Distrito Judicial del Centro, Oaxaca, recluida por su probable participación en un delito de robo. Siendo la última vez, la semana pasada al hacer mi visita carcelaria, sin saber la última en dicho lugar y el último interno con el que me entrevisté fue G.T.V. en dichas instalaciones.

En la década de los ochenta la penitenciaría albergaba internos de ambos sexos y las mujeres tenían su área o pabellón en el lado norte del inmueble, colindando con el muro limítrofe con los cuatro juzgados penales que existían en esa época. No estaba bardeada la zona militar por lo cual abogados y personal del juzgado para ingresar al reclusorio únicamente bordeábamos de los juzgados a la puerta de acceso su barda perimetral lo que hacía más corto el trayecto de juzgado a la cárcel.

Puedo afirmar, que como litigante en materia penal visité infinidad de veces la penitenciaría y en diferentes horarios que fueron en la mañana, al medio día, en la tarde, en la noche o bien en la madrugada, dependiendo de la naturaleza de los casos y de las personas detenidas involucradas.

Nunca compartí la idea de entrevistarme con mis clientes en las bancas que se encontraban a lo largo de la reja del patio principal y siempre hacía uso del pequeño locutorio que existía. Hubo un tiempo que las visitas las hacía esporádicamente para informar el estado procesal de los casos a diferentes clientes; sin embargo desde que se reglamentó no permitir el acceso a los familiares de los internos los días lunes, opté por hacer mis visitas a todos mis clientes precisamente los días lunes a partir de las nueve de la mañana; muchas veces llegaba antes y tenía que esperar en la entrada principal hasta que me permitieran el acceso a la hora citada, inclusive los celadores ya sabían que por lo menos cada quince días realizaba mis vistas carcelarias a primera hora de los lunes.

En la penitenciaría viví muchas experiencias o anécdotas pero haré mención únicamente de tres.

La primera, en el año de 1990 me encontraba en su interior, sin recordar el nombre de mi cliente y siendo aproximadamente las tres o tres y media de la tarde los celadores dieron la instrucción de que todas las personas ajenas a dicho reclusorio y que estuviéramos en su interior por diversos motivos como familiares o abogados pasáramos al área sur de la cárcel por que iban a hacer un registro y revisión de todas y cada una de las personas que íbamos a salir.

Al llegar al área que nos designaron percibí que había elementos de la otrora Policía Judicial Federal incluso se encontraba su comandante que al parecer se apellidaba Guereña, a quien conocía precisamente por el ejercicio de mi labor como litigante, enterándome que dicho operativo era a causa de la fuga que había realizado un interno de nombre J.D.P. que había huido por el área colindante con los juzgados penales escalando la barda con una escalera hechiza. Ya transcurrida la tarde permitieron la salida de las personas.

Otra anécdota fue en el año de 1997 cuando ingresé para asesorar a F.R.S. pues estaba corriendo su término constitucional en el Juzgado Primero de lo Penal del Distrito Judicial del Centro, Oaxaca, y ésta visita se realizó a los pocos días de haberse llevado acabo un sangriento motín donde hubo varios muertos e infinidad de lesionados, todos ellos internos de dicho reclusorio, teniendo en mi memoria la imagen de sus paredes pintadas de blanco pero manchadas en abundancia por sangre seca, que por los pocos días del motín no habían limpiado o repintado.

La última fue hace bastantes años donde el “mayor” (denominación del interno que controlaba a los reclusos y al mismo reclusorio), me invitó a una celebración por el día del interno que se llevaría a cabo en el patio central de la penitenciaría y que empezaría aproximadamente a las ocho de la noche, invitación que acepté, y le pregunté si le faltaba algo, a lo que me dijo que no, pero que si gustaba llevara unas botellas de whisky, preguntándole que como las iba a meter y me comentó que cuando estuviera en el estacionamiento le hablara por teléfono y que los mismos celadores meterían las botellas y me dejarían entrar.

Lo cual hice, e ingresé al reclusorio con una acompañante y al accesar al patio me entregaron con un grupo de internos que yo conocía por ser gentes afines al “mayor”, llevándome a una mesa principal donde se encontraba el mayor con su gente de confianza y siguió el festejo como cualquier fiesta.

Había licor de diferentes marcas, el cual consumía un selecto grupo de internos, sin embargo, al celebrarse el festejo en el patio, todos los internos participaban en la fiesta, e incluso disfrutaban de la música de un grupo de talla internacional que amenizaba dicho evento.

Es así pues, que al cerrar “la peni” se cierra un capítulo en el sistema penitenciario Oaxaqueño, penitenciaría que fue fiel testigo de lo que pasó en el interior de sus cuatro enormes muros, de situaciones malas pero también de cosas buenas, de innegable corrupción, de cotos de poder, de zonas de distinción, del torito, entre otras, pero principalmente del sentir de las personas privadas de la libertad con causa o sin causa que justifiquen su detención.

Quedo de ustedes.

Mtro. en Drcho. Constitucional Gerardo Francisco López Thomas.