Después de la pandemia y de la crisis económica debemos comprender que las cosas no pueden seguir igual, debemos de asumir el compromiso del cambio en nosotros mismos y del cambio en las relaciones sociales, de nuestra vida con los demás. La lucha por cambiar no es una lucha por el poder, sino una lucha espiritual. Será un choque de visiones del mundo y puntos de vista morales que debemos de realizar para sacar la mejor de las conclusiones.

 Este compromiso no consiste en sacrificar nuestra propia felicidad para ayudar a personas desafortunadas, más bien se trata de unirse para mejorar la situación todos juntos. Debemos de despertar, estar abiertos, propositivos, sin miedo, con gran espíritu.

La cultura del despertar consiste en que ninguno de nosotros puede hacerlo completamente hasta que todos los demás también lo estén. No se trata de detener mi despertar para el despertar de los otros.

Para lograr un mundo mejor, debemos de ser enfáticos en el descubrimiento de la inexistencia del yo en uno mismo. Uno aprende actuar desde la experiencia de la ausencia del yo para beneficiar a los demás.

El camino de la inexistencia del yo en uno mismo, manda el mensaje fundamental, que para cambiar el mundo, la sociedad, el Estado, primero debemos cambiarnos nosotros mismos.

 Para alcanzar lo anterior, es necesario seguir lo siguiente:

Debemos ser realistas acerca de lo que es posible en la vida. Debemos asumir la realidad concreta y plantear lo posible y no el ideal. Debemos reconocer las imperfecciones y aflicciones que comporta la actividad humana.

 Debemos tener una gran comprensión de las condiciones existentes. Debemos comprender las causas y condiciones principales existentes detrás de cada situación determinada. Sólo así podemos intervenir de manera constructiva y efectiva.

 La libertad total no se fundamenta en condiciones externas. La libertad que anhelamos ya se encuentra en nosotros mismos. La libertad misma es independiente de cualquier causa y condición, y está al alcance de cualquiera en cualquier condición.

 El último aspecto comprende las siguientes determinaciones a considerar:

En primer lugar, nuestro compromiso fundamental siempre tiene que ser trabajar en nosotros mismos. Este tiene que ser la base de todos nuestros intentos de transformar cualquier situación exterior.

 En segundo lugar, siempre hay que tener presente que nuestras actividades políticas son en sí mismas un modo de trabajar con nosotros mismos. Cuando entramos en política, nuestra arrogancia, agresividad, mente cerrada y egocentrismo, saldrán a la luz.

 Debemos tomárnoslo como oportunidades de oro que nos ofrecen la posibilidad de desarrollar formas más instruidas y humildes y menos preocupadas por uno mismo.