Jorge T. PETO 

Oaxaca.- La emocionalidad y la racionalidad; la intolerancia y la prudencia. La intuición y el instinto. La razón y la fe. Dios y el hombre o lo humano; la ciencia, la técnica y la sabiduría son ahora parte de una transición epistémica. 

Estas categorías nos llevan a nuevos conceptos, irónicamente paradójicas del nuevo mundo de las sociedades actuales. El enfrentamiento de cada una de ellas, desde sus propios referentes culturales y sus propias esferas sociopolíticas y sus propias burbujas económicas a decidir sobre la vida de las sociedades a las que gobiernan y de las que dependen sus riquezas financieras.

Vivir, sobrevivir o supervivir hoy, para la mayoría del componente humano de los Estados sobrepasa los esquemas tradicionales de sus propias composiciones territoriales y, por ende, de sus fronteras. Hoy es vital reconocer, en principio, que no existe, en tanto la anormalidad pandémica nos gobierne y nos explote, que la racionalidad inmersa en las formas constituidas no rige más, por ahora, el curso de la vida en sociedad.

La humanidad se pregunta y ni la ciencia, ni la tecnología (o técnica) ni la fe (o religiosidad) han sabido dar una respuesta al mal que nos aqueja. Estamos nuevamente en el principio de la experimentación; no hemos pasado del método tradicional del “ensayo y error” en el que las hipótesis, si no es que meras suposiciones nos conducen a un mundo de mera consolación ante lo inesperado y lo desconocido que al final, en cuanto lo palpamos en sangre propia se vuelve lamentablemente en aterrador, sólo entonces entendemos o alcanzamos a entender, comprender y explicar la veracidad de lo acontecido.

He ahí la ironía del “hasta no ver no creer” aunque para entonces el “Jesús mío” sea ya tan sólo un lamento y en el curso del tiempo un lamento convertido en “profana profecía” del dicho vulgar y común “te lo dije”. Ah nostalgia del pasado para las sociedades que no habíamos padecido una enferma decisión como la actual; ah desesperanza de buscar el sustento en medio del peligro latente de la muerte a costas de la supervivencia buscando el alimento cotidiano; ah la sabia sentencia futurista de siglos acerca del castigo o la redención del mismo mundo por su olvidada condición humana y la superación de su propia condición originaria de bestia instintiva que busca redimirse, como todo ser “completo de vacío” en una nueva vida, en un futuro que ansía ya que el presente evolucione en la cura y en la vuelta a la “normalidad”.

El presente es lamento pretérito y el futuro se ha convertido en un vacío del que desconocemos sus elementos componentes; en una esfera llena de esperanzas de buenas nuevas pero que hasta la fecha son simples hipótesis a las que ni la ciencia, ni las humanidades, ni las religiones han podido dar respuestas concretas. El conjunto vacío es hoy la totalidad de nuestras acciones y estas dependen de nuestra voluntad de contribuir a una vida total, sin distingos y sin discriminaciones. Construir, deconstruir y reconstruir una nueva sociedad sin fronteras humanas es tarea social. Cometarios, menciones y mentadas a nigromancias@gmail.com twitter: @JTPETO Estamos!