El camino más idóneo para ser un buen gobernante de los tiempos post pandémicos es la realización de las seis prácticas que los maestros orientales recomendaron, las cuales son: la generosidad, la disciplina, la paciencia, la fuerza, la meditación y la sabiduría trascendente. Si el gobernante y el político adoptan estas prácticas seguramente serán exitosos.

Por ejemplo, por la paciencia, abandonando nuestros prejuicios y ambiciones, observando la situación en su totalidad, podemos ver a los demás y aquello por lo que están pasando con respeto.

Respecto a la fuerza, es típico de las personas que intentan ayudar a los demás experimenten agotamiento y depresión. En lugar de pensar que debemos generar una fuerza propia para dominar el sufrimiento, nos damos cuenta de que cada situación con lo que nos encontramos posee su propia textura, fuerza y dinámica.

 Cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón a lo que está sucediendo, a menudo descubrimos posibilidades y oportunidades que no habíamos visto antes.

Hasta puede que la misma situación, que nos parecía tan negativa, inmanejable, incluso hostil, ahora se suavice y se abra a nosotros. Para conseguirlo, por supuesto, hay que ser enormemente paciente y abandonar todos los prejuicios.

La meditación es un modo de abrirse a las propias profundidades. Bajo la personalidad superficial se encuentran recursos como la inspiración, la compasión, la generosidad, el amor, la simpatía y la valentía. La meditación es el modo de abrirse a estas profundidades de nuestro propio ser.

Respecto a la sabiduría, cuanto más indagamos una situación y ahondamos en sus causas y condiciones, más inconsistentes e inexplicables se hacen. Cuanto más investigamos, las cosas empiezan a adoptar una cualidad más limitada e insondable.

Pero en lugar de producir confusión, esto nos lleva a una mayor claridad de los innumerables y, en últimos términos, inefables elementos que componen el infinito complejo de todo cuanto existe.

Esta comprensión nos libera de tener que juzgar o determinar las cosas de forma sólida y nos permite afrontar las situaciones con una total apertura, frescor y precisión.

Como es de observarse, las seis prácticas nos hacen mejores seres humanos, condición indispensable para ser un buen político y excelente gobernante. Es una verdadera pena que los políticos, en general, poco entienden.