El pasado 1º de diciembre, el presidente Andres Manuel López Obrador, rindió su Segundo Informe de Gobierno para cumplir con lo que establece el artículo 69 de la Constitución Política. Afirmó que de los 100 compromisos que hizo en campaña, en dos años de gobierno se han cumplido 97, los tres faltantes son descentralizar el gobierno federal, impulsar las energías renovables y conocer la verdad sobre Ayotzinapa. Tambien hizo referencia a otros compromisos que él no hizo pero cumplió, como obras de infraestructura para la movilidad, la habilitación del centro cultural ambiental en Islas Marías y la creación del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado. Sentenció que la paz es fruto de la justicia y que lo que mueve a su administración es una convicción de justicia y no de exterminio. Hizo referencia a que el 71% de la población manifiesta que está de acuerdo con su gobierno, sin embargo sugieron voces de disenso y un medio internacional reveló otro presunto caso de corrupción que vincula a otro miembro de su familia. 

A propósito de lo anterior, en 2017, se cumplieron 150 años de haber concluido el Imperio Mexicano, por lo que el sello editorial Debate, publicó el título Maximiliano, Emperador de México del autor Carlos Tello Díaz, doctor en historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.  

Tello, como en todas sus publicaciones y no es la excepción en Maximiliano, Emperador de México, hace una revisión minuciosa de la historia, que lo llevan a descubrir datos, momentos y coyunturas que la historia oficial no contiene y menos, cuando en nuestro país, los conservadores perdieron la oportunidad de escribirla. 

En las primeras páginas, Tello describe como Maximiliano fue sometido con severidad al estudio, su preceptor, Heinrich Bombelles, oficial del ejército de Austria, le diseño un programa de estudios distribuido en cuarenta y cinco horas semalaes, que incluía geografía, historia, dibujo, cálculo, derecho, matemáticas, estrategia, diplomacia. Idiomas como el alemán, inglés, francés, italiano, húngaro y polaco; así como danza, esgrima y equitación. Fue lector de Lord Byron y Sir Walter Scott. Los viajes fueron otro factor que influyeron en su formación, lo que lo llevó a fundar para Austria, el Instituto de Hidrografía y el Museo de la Marina. 

Tello insinúa que el destino de Maximiliano fue marcado por la tragedia, el desamor, la intriga, la traición y la ambición de Napoleón III y su hermano Francisco José, quienes vieron en él, la posibilidad de limitar la influencia de Estados Unidos en América y desterrar al liberalismo de la corona austriaca. 

Mientras estuvo en Italia y se desempeñó como gobernador de Lobardía y el Véneto, “gobernó de acuerdo a sus convicciones liberales”, concibió territorios autónomos, instauró dos Cámaras de representantes, protegió monumentos históricos y promovió reformas fiscales y escolares.  

Fue convencido de venir a México, de acuerdo a los planes monarquistas que le presentaron José María Gutiérrez de Estrada y José María Hidalgo, ambos mexicanos, millonario el primero e influyente el segundo, quien había conocido en su juventud a Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón. 

El gobierno de Maximiliano se enfrentó a grandes retos, la integración de su gabinete no logró la unificación del país, aún cuando sus miembros eran de corte liberal moderado, situación que lo llevó a enfrentarse con sus aliados naturales del Partido Conservador. Tuvo choques constantes con la Iglesia, cuyos miembros le solicitaron abolir las leyes de Reforma y regresarle los bienes expropiados y el control de la educación. Ante esta situación, Maximiliano respondió con la libertad de culto y estableció la Administración de Bienes Nacionalizados, se construyeron pozos, se mejoraron escuelas, avanzó con la construcción del ferrocarril de Veracruz, integró leyes con el propósito de proteger a los trabajadores del campo, limitar la jornada laboral y estableció que las haciendas fueran responsables de la educación de los peones, entre otras medidas. 

Tello afirma que el principal problema de Maximiliano fue el manejo de las Finanzas Públicas, contó con varios asesores económicos europeos, uno de ellos, Jacques Langlais, quien propuso reducir los gastos del Imperio, suprimiendo 3 mil empleos y reduciendo los salarios de los funcionarios. Adicionalmente, proponía reformar las aduanas con el propósito de eliminar la corrupción. 

Ante todo este panorama, Maximiliano genera opiniones contrastantes, pero el autor destaca un detalle de su personalidad, una vez que fue fusilado, se le encontró en un bolsillo, escritas sobre cartón, sus reglas de conducta, que consistían en “jamás quejarse, jamás mentir, ni siquiera por necesidad o vanidad, pensar en las propias faltas al juzgar las del prójimo y dominar al cuerpo, mantenerlo en la justa medida y en los límites de la moral”.