Recordando a un gran Senador de la República, ese órgano legislativo instituyó desde 1954 la entrega del Premio (medalla) con ese nombre a ciudadanos que se distinguen por sus servicios a la Nación o a la humanidad. Este personaje originario de Comitán, Chiapas fue un reconocido médico del que vale la pena leer dos de sus discursos en esa Cámara, de fechas 23 y 29 de septiembre de 1913 defendiendo la libertad de expresión. Este año ese premio será otorgado, no a una persona, sino a un gremio, que lo tiene más que ganado y debe contar con la más profunda admiración y reconocimiento por parte de la población mexicana, el galardón será otorgado a todo el personal de salud. Por ello la Comisión de la Medalla “Belisario Domínguez” del Senado de la República aprobó por unanimidad otorgar ese importante reconocimiento a “las personas integrantes del Sistema Nacional de Salud por su incansable lucha contra el covid-19 en México”. Hasta aquí todo muy bien, pero resulta que ahora los de la “CuatroTé” pretenden que el premio lo reciba a nombre de los trabajadores del sector salud el “doctor muerte” López-Gatell, situación que desvirtuaría totalmente el mérito de la medalla. Ese reconocimiento lo debe recibir a nombre de esos verdaderos héroes, un médico o una enfermera, de los que sí han estado, arriesgando su vida, en la primera línea de atención directa de enfermos “Covid”, trabajando con carencias, sin equipos, con turnos de trabajo agotantes, comprando en muchos casos sus propios insumos médicos y lamentablemente muchos de ellos han perdido la vida por estas carencias. Esta entrega se llevará a cabo en sesión solemne en febrero próximo, debe ser un día de celebración y no de manifestaciones en protesta porque se insista que lo reciba el Zar anti Covid López-Gatell, simple producto de mercadotecnia política cuya única función es servir de fusible para que cuando se colapse el país por el pésimo manejo sanitario, sacrificarlo a él y el tema no afecte a MALO. Es increíble que con los pésimos resultados del manejo de la pandemia aún sigan los seguidores de López, aplaudiéndole al otro López (Gatell). Sólo el jueves  se volvieron a reportar cifras alarmantes que día a día se agravan más, se reportaron un millón 217 mil 126 casos positivos acumulados, lamentablemente 112 mil 326 defunciones (reconocidas), por lo que fue el cuarto peor día desde que inició la pandemia, en solo 24 horas se reportaron 11 mil 897 casos de contagio confirmados y 671 muertes.  Los mexicanos debemos estar conscientes que la vacuna no es algo tangible aun, y menos para la mayor parte de la población, que este año solo llegará, en comparación a la población una cantidad simbólica de 250 mil dosis, y que ante tal ola de contagios se deben tomar medidas extremas y sí la sociedad no las toma el gobierno nos debe obligar a tomarlas. El país debe parar estas semanas de fin de año, nos guste o no, hasta llevar a cantidades nuevamente manejables los contagios. Ya para que el doctor muerte reconozca que hay saturación de hospitales y no hay sitio para los enfermos quiere decir que es grave. Si el gobierno no nos dice que hay semáforo rojo hagamos como si lo hubiese. 

Entre hoy al lunes, ese es el tiempo que esperan médicos y personal dedicado al combate a la pandemia para que comience el traslado y distribución de la vacuna de Pfizer en Estados Unidos. La logística es compleja, tanto que el país se ha dividido en dos para que Fedex y UPS (dos de las principales empresas de paquetería) hagan las entregas en hospitales y clínicas en la Unión Americana. El jueves, un panel de expertos decidió que la vacuna era confiable, pese a los votos en contra que fueron, fundamentalmente, por la falta de resultados en menores de edad. 40 millones de dosis se esperan en el primer lote en ese país. México es otra historia. Cierto, el gobierno tiene contempladas dosis en millones para todo 2021. Esto, pese a que no existe en el presupuesto ningún apartado para la compra de esas vacunas. Cierto, se tiene cubierto a través de la plataforma COVAX y de contratos individuales con la propia Pfizer, Astra Zeneca y Cancino, pero todos en pequeñas cantidades al inicio y en goteo el año siguiente. Cierto, la distribución comenzará en una prueba piloto en Ciudad de México y Coahuila para probar modelos en ciudades de alta densidad y estados de gran terreno, pero no va acompañada de otras medidas. Autoridades de la Ciudad de México afirmaron que no es posible regresar a un modelo de confinamiento como el desplegado en abril y mayo pasados, pero las cifras son mayores y más graves

El aplanamiento de la curva hospitalaria es, hoy, ocho meses después, un fracaso en la ciudad más poblada del país. Aun cuando la COFEPRIS aprobara la vacuna de Pfizer (lo cual se espera luego de la acción de la FDA), las dosis no llegarán a ningún civil hasta avanzado febrero en el mejor de los casos, cuando el invierno esté en el momento más álgido en el norte del país y (según investigadores de la UNAM y de la Universidad de Washington) enfermos y muertos se hayan desbordado ante la indiferencia de Palacio Nacional. No es solo responsabilidad del gobierno, los ciudadanos han hecho todo para evitar regresar a sus casas y, sobre todo, seguir su vida normal. Es entendible la dificultad económica donde el gobierno dio un solo apoyo al inicio de la crisis sanitaria que no alcanzó ni para la primera renta de un local comercial o la nómina de un modesto restaurante. Hay un segmento de la sociedad que no pudo ni puede esperar más. Ergo, resulta  justa la presea a los galenos.

Jugadas de la vida

Gatell, que nos presentó el semáforo de 4 colores como su gran invento, ahora nos sale con que “el color es intrascendente”. Lo peor de todas sus aberraciones y necedades del doctor y de su patrón están resultando  mortalmente trascendentes.

Twitter: @ldojuanmanuelanti