Padre Joel

Vivimos tiempos de intolerancia, de confrontación, de sexismo. La rabia acumulada por la violencia de género y la exclusión se han virilizado en días recientes en las redes en imágenes, cánticos, y protestas.

Trato de entender, en este contexto, lo que paso con una imagen que compartí un día como estos en Diciembre pasado.

Era un nacimiento (Nativity Set) un poco fuera de lo común. No había un pesebre, ni pastores, ni ovejas. María no estaba de rodillas con sus manos juntas observando al recién nacido y José era mucho más que una sombra con una farol en las manos, atrás de ellos, como suele representarse le.

Al contrario, María estaba recostada, durmiendo profundamente, extenuada, mientras José, sonriente, sentado al borde de la cama, acariciaba al niño que dormía también, con sus bracitos extendidos, en su regazo. Una imagen profundamente humana que tocó muchos corazones.

Una amiga muy cercana me dijo: “Lloré al verla. Era la imagen de mi esposo cuidando de mi niña mientras yo dormía un poco”.

En unas horas, la imagen se comenzó a compartir de una manera poco común. Hoy llega a casi 12,000 shares en un sitio y 1,200 en un grupo. Pero lo mas interesante es la forma en que quienes la compartieron se identificaron con los personajes. Una mujer hizo tag a su esposo mientras le decía “eres tú”. Otra escribió: “así me sentía de cansada después de parir”. Alguien más alababa la actitud paternal de José con un niño que ni siquiera era suyo y al que protegería y tomaría de la mano en las polvorientas veredas de Nazaret. El José de este nacimiento es la imagen de tantos hombres y mujeres que hacen suyos los niños que no engendraron o que mejor dicho, engendraron solo en su corazón. Un homenaje al respeto, el cuidado y la ternura que pueden vivirse en un hogar.

La gente pregunta por el nacimiento, quiere saber si puede comprarlo en algún lugar. Y no, no hay mucha información al respecto. La búsqueda por Google de la imagen refiere a una frase “Dejemos que mamá descanse un poco”, pero no dice más. Ni costo, ni manera de conseguirla. Pero puede hacerse vida en nuestras casas. Pienso, ¿Y qué tal si dejamos que la rabia y la incomprensión descansen un poco? ¿Y qué tal si permitimos que nuestros hogares sean un espacio para el respeto y el cuidado de unos por otros? ¿Y qué tal si nos empeñamos en crear una sociedad mejor comenzando por la propia casa?

MT.