Salud, es el retorno de los valores tradicionales que no sustituye ningún bien material ni económico. Si, la salud de la humanidad ha sido críticamente vulnerada. Hoy la salud es el único bien primordial, de ella se derivan todos los demás valores. Cuando las prioridades eran lo económico y los bienes suntuarios ha quedado atrás; ricos y pobres estamos en el mismo blanco, aparentemente, entre la vida y la muerte.

De siempre la humanidad aspira a mejores estadios de vida, a convivencias realmente pacíficas, a la convivencia, la hermandad, la fraternidad; al menos eso ha sido el ideal de toda y cualquiera revolución, las principales de las que derivan nuestros sistemas políticos están basados en las concepciones “aspiracionales” de ser libres, iguales y fraternos.

La historia nos está poniendo en el lugar que nos corresponde, no hemos sabido corresponder a esas aspiraciones; es más, ni siquiera hemos intentado realizar esos ideales. La felicidad pública es otra vez algo utópico; la paz, por lo consiguiente; hace ya algún tiempo que aspirábamos, al menos, a la seguridad, hoy valor rebasado. El trabajo es desde hace mucho una categoría inestable y la libertad está confinada.

¿A qué aspira entonces, en estos momentos aciagos el ser humano? Cada uno tendrá su propia respuesta; pero la universal pregunta que la conlleva es: ¿Hemos hecho tan daño como para merecer que nos invada una plaga capaz de matar cualquier ideal humano y matar a toda aquella revolución que impida el feliz desarrollo de los imperios financieros?

El virus se ha llevado nuestra salud vital, nuestros trabajos, nuestros rostros de alegría, nuestros hogares, nuestras familias, nuestra paz, nuestro amor, nuestras amistades, nuestras seguridades, nuestra concepción de la familia, núcleo principal sobre el que descansa toda sociedad, y, por ende, toda organización que de ella se deprenda, llámese política, económica o estrictamente social.

Ahora debemos reconfigurar el mapa de nuestras prioridades. Volver al hogar en paz, la inclusión; volver a las tablas de multiplicar para ser más, más fuertes como en las escuelas elementales de antes, buscar el recreo para jugar y recobrar la inocencia que hoy se nos niega; regresar al calendario escolar antiguo que contemplaba las escuelas de verano y comenzaban casi con el inicio del año de antes de la conquista. El calmécac es una opción. Tantas cosas que aportar que por hoy me despido con un mensaje para este año que iniciamos conjuntamente; si, conjuntamente, no descuidemos esta máxima, es un esfuerzo de todos para salir avante, aquí no hay individualismos, volvamos un tiempo al sedentarismo.

¡Gracias infinitas! Deseo para ti lo mejor en todo lo que emprendas, por sobre todas las cosas y situaciones, siempre con buena salud y con la alegría de saber que podemos llegar al cielo sin despegar siquiera los pies de la tierra. Considérate grande como ser humano, que la nobleza del alma, la ignorante inteligencia y la humildad sincera y franca sean hoy la mejor expresión de tu forjado carácter para dar de beber savia dulce y generosa a la humanidad que hoy necesita de tus sentimientos y conocimientos; que nunca se extinga la posibilidad de hallar el tesoro más grande: la felicidad compartida. Que seas manos que estrechan con fuerza vital al hermano, al prójimo y tus brazos hagan sentir que no hay imposibles en este mundo.

Vayamos al encuentro de este 2021 con prudente optimismo y total responsabilidad social ante las circunstancias actuales, fomentemos los estados de ánimo felices, que contrarresten toda carencia de anticuerpos, la mejor defensa siempre será el ir adelante, reír, llorar, sentir, pensar, actuar..! nigromancias@gmail.com twitter: @JTPETO