Oaxaca.- El pasaje evangélico de este domingo 17 de enero, nos muestra a Jesús iniciando su convocatoria apostólica. A propósito de ello, es importante recordar que nuestra Iglesia, como lo manifestamos en el Credo, además de ser una, santa y católica, también es apostólica; puesto que Jesús, quien es el Enviado del Padre, desde el comienzo de su ministerio “llamó a los que Él quiso […] y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 13-14). Desde entonces, se constituyeron en sus “enviados”, de hecho ese es el significado de la palabra “apóstol”. Y en ellos, Cristo continúa su propia misión: “Como el Padre me envió, también yo los envío” (Jn 20, 21; Jn 13, 20; 17, 18). Por tanto, el ministerio de los apóstoles es continuación de la misión de Cristo: “Quien a ustedes recibe, a mí me recibe”, dijo a los Doce (Mt 10, 40; Lc 10, 16).

    Además, Jesús los asoció a su misión recibida del Padre: como “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5, 19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado; así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (Jn 15, 5), de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben, por tanto, que están calificados por Dios como “ministros de una nueva alianza” (2 Co 3, 6), “ministros de Dios” (2 Co 6, 4), “embajadores de Cristo” (2 Co 5, 20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Co 4, 1).

    Nuestra Iglesia es apostólica, pues, en un triple sentido:

    1) Porque fue y permanece edificada sobre “el fundamento de los Apóstoles” (Ef 2, 20; Hch 21, 14), quienes fueron testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo (Mt 28, 16-20; Hch 1, 8; 1 Co 9, 1; 15, 7-8; Ga 1, l; etc.).

    2) Porque guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza (Hch 2, 42), el buen depósito de la fe, las sanas palabras oídas a los Apóstoles (2 Tm 1, 13-14).

    3) Y porque sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo, gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral, es decir, gracias al Colegio de los Obispos juntamente con el sucesor de San Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia, que es el Papa. 

    Y es que si bien, Jesús convocó a 12 apóstoles, lo cierto es que San Pedro fue el primero entre todos ellos (Mt 10, 2) por designio del mismo Cristo, quien le puso el nombre de Kefas, que quiere decir piedra (Juan 1, 42), y se lo confirmó llamándole Pedro, o sea Piedra, sobre la cual instituyó su única Iglesia (Mt 16, 18); fue a San Pedro al primero de los apóstoles que Jesús se le apareció, en el primer día luego de la Resurrección (Lc 24, 34; 1Cor 15, 5); y su lugar como cabeza de los Apóstoles y guía de su Iglesia fue confirmado por el mismo Cristo, quien le pidió alimentar y defender a su rebaño, después que Pedro hubo afirmado tres veces su amor especial por su Maestro (Juan 21, 15-17). 

    Después de San Pedro hemos tenido 265 legítimos sucesores suyos, que son los Papas; desde San Lino (67-76), San Anacleto o Cleto (76-88), San Clemente I (88-97) … hasta Pío XII (1939-1958), Juan XXIII (1958–1963), Paulo VI (1963-1978), Juan Pablo I (1978), Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005- 2013) y Francisco (13 de marzo de 2013 a la fecha), quien es nuestro Papa número 266 de esta Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. 

    En este domingo, que podríamos llamarlo vocacional, pedimos a Dios que bendiga, proteja y fortalezca a quienes han recibido el Sacramento del Orden (Obispos, Presbíteros y Diáconos), gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos; oramos por ellos, para que sigan ejerciendo con amor y entrega este, que resulta ser, el Sacramento del Ministerio Apostólico (CEC 1536). ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.

lubia_ea@hotmail.com