1.- “Candela”, proviene del latín y significa “vela”; pues tal como lo dijo Simeón y lo repite san Juan: Cristo es la Candela, la Luz del Mundo (Lc 2, 32; Jn 8, 12). Celebrar la Candelaria es reconocer que Cristo es la Luz que disipa las tinieblas del pecado, de la muerte, es el Salvador.

2.- En esta fiesta celebramos dos acontecimientos que realizó la Sagrada Familia a los cuarenta días del Nacimiento del Niño Jesús, según los ritos que establecía la Ley de Moisés (Lev 12, 1-8): la Purificación de María Santísima y la Presentación del Niño Jesús en el templo, para consagrárselo a Dios, por tratarse del primogénito varón (Lc 2, 22 – 35).

3.- De este acontecimiento nació la hermosa costumbre de presentar a nuestros hijos al Templo, para consagrárselos a Dios.

4.- También existe una advocación mariana llamada “Nuestra Señora de la Candelaria”, Patrona de muchos lugares, pero especialmente de las Islas Canarias, en España, donde al rededor del año 1400 apareció su imagen con el Niño Jesús en sus brazos.

5.- La Candelaria es una de las fiestas más arraigadas en la piedad popular; sin embargo, es importante iluminar todas las tradiciones con la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia, a fin de no caer en actos que rayen en la superstición o hasta en idolatría, por ejemplo:

6.- El atuendo de la imagen del Niño Dios, al que mucha gente llama “vestido”, debe ser acorde a su dignidad de Dios y Salvador nuestro; ciertamente Jesucristo se abajó para hacerse un hombre como nosotros (Fil. 2, 6-8), excepto en el pecado (Heb 4, 15); pero aún así, no parece ser tan correcto vestir al Niño Dios con ropa de algún Santo o de Ángel, pues estamos ante la imagen del Rey de reyes, Señor de señores, el Hijo del Altísimo, sería tanto como “bajarlo de categoría” ¿no te parece?.

7.- Tampoco tiene sustento bíblico ni teológico el hecho de vestir al Niño Dios de tal o cual manera, dependiendo de los años que tengamos de llevarlo a bendecir; esto es mera costumbre cuyo origen se desconoce. Ni debe atribuírsele a cierto atuendo algún poder; por ejemplo, no es real que vestir la imagen como “Niño Dios Covid”, nos proteja de contraer el virus.

8.- Lo que sí es muy rescatable es que las personas que “apadrinan” la imagen, consideren a los dueños de ésta sus compadres; pues aunque no se trata de un Sacramento, sí es un sacramental y es bueno que prevalezca la fraternidad y el compromiso cristiano entre compadres.

9.- Hay una costumbre que indica que aquella persona que encuentre la imagen del Niño Dios (no, no es un “monito”) en la Rosca de Reyes, ofrecerá el 2 de febrero tamales y atole a sus familiares y amigos, como muestra de la felicidad de haber encontrado al Niño Dios; en este año, por la pandemia, habremos de evitar reuniones masivas. Pero por lo general es una costumbre provechosa, que reafirma lazos de fraternidad, sólo hay que quitarle aquello que no sea ni espiritual, ni moralmente edificante.

10.- Normalmente los templos católicos se “saturan” el 2 de febrero; pero este año nuestros pastores nos invitan a unirnos virtualmente a las Celebraciones Eucarísticas, desde nuestro hogar, a fin de evitar aglomeraciones que generen más contagios. No nos sintamos tristes, pues lo principal de esta festividad es celebrar que Jesús es la Luz del Mundo; y debemos dejar que su luz brille en nuestro corazón, para convertirnos en sal de la Tierra y luz del Mundo, y construir así una sociedad donde se practiquen los valores del Reino de Dios: Amor, justicia, paz, misericordia, bien común, etc., necesarios todos ellos para vivir con la dignidad de hijos de Dios. ¡Así sea!

*LUBIA ESPERANZA AMADOR.*

*lubia_ea@hotmail.com