Los poemas de Oscar Wilde son también muy reconocidos. Hoy estamos convencidos de que, la búsqueda de la belleza era uno de los principales objetivos de su vida como escritor, subyugado tal vez por las grandes obras del renacimiento, del arte italiano y de todo el mundo clásico. Cuatro comedias de alta sociedad son las más significativas del artista, en donde se perciben el espíritu por el que es más destacado: la sutileza, el dominio del lenguaje; en pocas palabras, el genio del escritor.

El irlandés siempre se mostró preocupado por la imagen pública que proyectaba. Oscar Wilde es para muchos de sus seguidores hasta nuestros días, la figura prototípica del dandi inglés.; así por lo menos, lo revelan las poses que adoptaba al ser fotografiado. Estrafalario a los ojos de muchos, en él armonizaban todas las formas: el pelo corto o largo, con rizos o despojado de ellos, siempre bien peinado; los claveles de la solapa; los colores y las capas. Las alambicadas representaciones gráficas de las cubiertas sus libros; los interiores, etc. Por sobre todas las cosas, condiciones y circunstancias, a Wilde le hicieron famoso una estupenda ingeniosidad verbal, una estética extremada y un mundo de artificios.

Ya establecido en Londres en la década de los setentas del XIX, amigo de escritores, actrices, miembros de la alta aristocracia local; su figura fue satirizada sin que al artista le importase demasiado. Invitado a un tour a los Estados Unidos en 1882, desembarca en Nueva York en enero de ese año y se queda en territorio norteamericano durante 12 meses. La prensa fue bastante hostil: se le criticaba las poses y el marcado amaneramiento. Sacos de terciopelo, algunas veces con pantalones cortos, guantes, bastones de marfil, sombreros de copa; eran característicos en sus conferencias y lecturas de poemas. A lo mejor fue lo estrafalario del personaje lo que más atención llamó del público estadounidense. Ahí se manifestó contra la producción industrial de muebles porque, defendió la hechura artesanal de los mismos; mostrando un cariño excesivo quizá por la decoración de interiores.

A su regreso a Europa, después de una breve estancia en Londres, se establece en París; sus influencias: Verlaine, Víctor Hugo, Mallarmé, Zola, Degas, Edmond de Goncourt, Baudelaire, Daudet. En esta etapa de su vida, la vuelta de tuerca del personaje que representa en la sociedad artística parisina revoluciona.

Marginado y perseguido por los delitos de sodomía y perversión a la juventud. No quiso seguir los consejos de sus amigos en el sentido de irse al extranjero para no enfrentar a los jueces. Se presentó ante ellos como lo que era: un dandi. Después de tres juicios en donde, debió enfrentar veinticinco acusaciones de indecencia que, salvo por una, terminaron condenándole; para mayo de 1895, fue sentenciado a dos años de prisión.

Con Wilde preso se confirmó más que nunca el dicho: No hay cárcel para la imaginación. Los muros muy poco han podido hacer contra la vitalidad creadora. Los superficiales según él, son los únicos que llegan a conocerse a sí mismos; contra los mojigatos y su falsa hondura.

A más de un siglo de su desaparición física, siguen existiendo infinidad de subyugados por la obra del dramaturgo irlandés. Alumno brillante durante su juventud, a finales de 1900 muere cuando no había cumplido 50 años. Con su deceso, el interés de su público no decreció. Sus amigos se encargaron de divulgar su legado; reivindicando sobre todo, sus valores morales y estéticos. Como afirmaba el Maestro José Emilio Pacheco: Oscar Wilde cambió nuestra percepción de la vida literaria al hacer de su rebeldía una forma del ingenio.

Las representaciones de sus obras teatrales se han mantenido vivas durante el siglo XX y aún hasta nuestros días. Desde el punto de vista del autor de estas líneas, desde los ojos de Oscar Wilde, un perseguido en una sociedad de inmorales jugando a la moralidad; una vida simple y sin sello propio, no tiene sentido.

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