Oaxaca 

Qué orgullo se siente cuando pertenecemos a alguna institución, bien sea educativa, laboral, política, social, deportiva, etc., y celebramos un aniversario más. Pues también nuestra Iglesia Católica es una Institución, establecida por Jesucristo (Mt. 16, 18) y que hoy, en que celebramos la Solemnidad de Pentecostés, también celebra su aniversario. Por ello, me permito felicitar a todos mis hermanos bautizados porque hoy estamos “de manteles largos”. 

Es importante recordar que la fiesta de Pentecostés, originalmente no era cristiana, sino judía y de carácter agrícola, se llamaba la fiesta de “las semanas” (o de “las siete semanas”), puesto que siete semanas después de haber segado los primeros haces de cebada, se celebraba la cosecha del trigo (Éx 23, 16; 34, 22; Lev 23, 15; Núm 23, 10; y Dt 16, 9). Ya para finales del Antiguo Testamento, se asoció al recuerdo de la Alianza del Sinaí, y se celebraba 50 días después de la Pascua (Éx 34, 22), de ahí su nombre “Pentecostés”, que proviene del griego y significa “el día quincuagésimo”. 

Pero en la era cristiana, precisamente en el marco de la fiesta judía de Pentecostés, ocurrió un acontecimiento trascendental para los cristianos: La Venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles (Hch 2, 1-4); así como lo prometió Jesucristo.

 Por eso, desde entonces celebramos en Pentecostés un aniversario de nuestra Iglesia, porque si bien ésta nació en la Resurrección de Cristo, lo cierto es que se confirmó con la venida del Espíritu Santo, pues fue hasta entonces cuando los apóstoles terminaron de comprender para qué fueron convocados por Jesús y preparados durante tres años de íntima convivencia con Él; fue hasta que descendió el Espíritu Santo, cuando aquella comunidad naciente y temerosa, recibió los siete dones y la fortaleza necesaria para ser sus testigos y anunciar la Buena Nueva de Jesús; y dice el libro de los Hechos de los Apóstoles que, aunque en Jerusalén se habían dado cita judíos devotos venidos de todas partes del Mundo, cada uno oía a los Discípulos de Cristo hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua; pues igual debe pasarnos a nosotros, porque también hemos recibido al Espíritu Santo desde nuestro Bautismo, especialmente en la Confirmación y en cada Sacramento, así que también debemos ser testigos de Jesús en todos los ámbitos en que nos desenvolvamos, ya sea como trabajadores, estudiantes, miembros de una familia y de una comunidad, como ciudadanos, en fin, en cada uno de esos ámbitos debemos, con nuestra forma de vida verdaderamente cristiana, “hablar” de las maravillas de Dios en la propia lengua de quienes conviven diariamente con nosotros. 

¡Ven, Espíritu Santo, y llena los corazones de tus fieles, enciende en nosotros el fuego de tu amor! para que sepamos ser testigos de Cristo Resucitado y hagamos de todas las naciones discípulos suyos; para que volvamos a la unidad y fraternidad de esa primera comunidad cristiana; para que, como ciudadanos católicos, participemos en las próximas elecciones emitiendo un voto informado, razonado y congruente con nuestros principios cristianos; en fin, para que en nuestra vida, tanto pública como privada, demos testimonio de que somos hijos de Dios. ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR. 

lubia_ea@hotmail.com