¡Por supuesto que sí! En nuestro país votar es un derecho, pero también es una obligación (Artículos 35, Fracción I y 36, Fracción III de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Y los ciudadanos católicos, en cuanto sea posible y de acuerdo con las modalidades de cada país y cultura, estamos llamados a tomar parte activa en la vida pública; pues el amor y el servicio a la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. Por eso debemos ejercer nuestro derecho y cumplir nuestra obligación de votar, como todos los demás ciudadanos mexicanos.
Este 6 de junio, con el voto de más de 94 millones de electores, se decidirá la historia que queremos construir juntos a corto y mediano plazo para nuestro municipio, nuestro estado y nuestro país; a pesar de tratarse de una “elección intermedia”, nuestro voto, sin duda, tendrá impacto en los más de 120 millones de mexicanos que somos; y es que en este proceso electoral está en “juego” la renovación, a nivel federal, de la Cámara de Diputados, a nivel estatal de 15 gubernaturas y 30 congresos locales, y a nivel municipal la elección de 1926 ayuntamientos.
En su mensaje con motivo de este proceso electoral 2021, los Obispos de México nos animan a la más amplia participación ciudadana, a ejercer nuestro voto de manera libre, secreta y en conciencia, entendiendo que cada voto cuenta; nos recuerdan que participar a través de nuestro voto es un derecho y un deber moral ineludible, pues la democracia se consolida cuando todos participamos activamente.
Los Obispos de México nos llaman a formar nuestra conciencia, y a proponer y defender con libertad y creatividad los valores esenciales que configuran el bien común, sin los cuales, hasta la misma democracia puede estar en riesgo; nos instan a cuidar los fundamentos de la democracia y las instituciones que la salvaguardan; nos piden sumarnos a la oración y a la debida colaboración para que todo se desarrolle de manera ordenada, pacífica y con el más estricto apego a Derecho.
Los pastores diocesanos de nuestro país nos invitan a ejercer con libertad y responsabilidad nuestro derecho a elegir, procurando tomar en cuenta lo siguiente:
a) Elegir “el bien posible”, quizá no el ideal; pero evitar optar por “el mal menor”, ya que el mal no puede ser elegido nunca como fin, ni como medio.
b) Ilustrar nuestra conciencia con la información disponible sobre las propuestas, programas y valores de los diversos candidatos.
c) Promover la dignidad de la persona humana, la defensa de la vida (desde la concepción, hasta la muerte natural), el matrimonio y la familia como núcleos fundamentales del bienestar social, la atención a las múltiples regiones que se ven amenazadas por el yugo del crimen organizado, la plena vigencia del derecho humano a la libertad religiosa, la auténtica democracia, la opción preferencial por los más pobres y el compromiso activo por el cuidado del medio ambiente.
d) Evitar la apatía y la indiferencia, la manipulación ciudadana, pues entre “más libertad para elegir, más capacidad tenderemos para exigir”.
Los Obispos, pues, nos recuerdan que la “mejor política” es la que se construye desde la fraternidad y la amistad social, buscando acuerdos y no fracturas; evitando descalificaciones, agresiones o venganzas; recordando que “la democracia no termina emitiendo nuestro voto, sino que es necesario dar seguimiento a este proceso, exigir el cumplimiento de promesas de campaña y pedir la rendición de cuentas de manera transparente”. Todos juntos hemos de trabajar en la edificación de la “casita sagrada” que nos ha pedido nuestra madre, Santa María de Guadalupe; lo que implica conversión del corazón de todos.
Que el Señor nos ilumine, hermanos, para discernir con sabiduría nuestro voto y ejercerlo con congruencia evangélica.
¡Que así sea!
LUBIA ESPERANZA AMADOR.
lubia_ea@hotmail.com