Oaxaca.- El mismo fenómeno de las suspicacias entre los recelosos del partido guinda se nota como resultado de otro triunfo: el de José Antonio Estefan Gillesen como diputado federal del partido Verde coaligado con Morena en el distrito de Ixtepec. Los resquemores crecen cuando es declarado el más votado de los 10 legisladores federales electos en el estado, todos con el fierro del Morena. Crecen más aún las aprensiones cuando se enteran que el mecenas de Estefan es el senador Raúl Bolaños Cacho Cue.

Es la causa de que a esos que se sienten dominantes en el partido guinda nada les quite tanto el sueño como la consolidación de esa temida alianza electoral entre el PVEM y el MORENA que empieza a funcionar con tanto éxito tanto en Oaxaca como en otros estados.

REBATINGA EN JUCHITÁN

La sufrida Juchitán llamada por los corruptos patriarcas de la COCEI “el primer Ayuntamiento popular” del estado en aquellos años del Salinato, hoy podríamos mencionarla como primer municipio de la antítesis de la democracia. Así como la ambición de poder y dinero pudrió todo signo de pudor en los viejos caciques como Héctor Sánchez, Leopoldo de Gyves, Alberto Reyna, entre otros, los jóvenes que emergen en la política hoy se corrompen cuando apenas empiezan a caminar. La bárbara disputa por la presidencia municipal exhibe ambiciones de la nueva caterva COCEISTA y de otras corrientes mal conducidas por los viejos ambiciosos. Parecen llevarlos hacia la autocracia.

Resulta conmovedor el sesgo que han dado a las elecciones “más ejemplares y democráticas” en la era del Morenismo al lado de su icono López Obrador.

Resulta que el apetito por el dinero fácil que brota por el venero de la corrupción, revivió a los veteranos creadores de la COCEI con el señuelo de “democracia y libertad”. Quieren seguir en el pandero.

Cuando el presidente López Obrador los puso como ejemplo de lucha social, honestidad y pureza democrática hicieron lo contrario. En la era de la 4T encauzaron a la política a jóvenes como Emilio Montero Fuentes y Héctor Pineda Santiago y hasta los apadrinaron, pero para mal. Les enseñaron lo que ellos hicieron tantos años: robar, mentir, traicionar.

Desde que conquistaron el “primer Ayuntamiento popular” hace medio siglo, se han sucedido el poder entre familiares, amigos, cómplices, socios. Hoy se regodean entre las carretonadas de millones de pesos que arrancan clandestinamente a las empresas eólicas y desvían de los presupuestos municipales que debieron servir, desde hace muchos años, para el desarrollo de Juchitán.

Al tener el dinero como su Dios envilecieron con lo mismo a dos promesas de la política. A Emilio Montero y Héctor Pineda Santiago.

Al primero, mientras lo manejaban, lo condujeron a la presidencia municipal donde el muchacho no cumplió con los convenios de dinero. Al llegar las nuevas elecciones no le permitieron reelegirse y le negaron las siglas del Morena. Héctor Sánchez y su camarilla lo hicieron a un lado y pusieron como candidato al joven Héctor Pineda hijo de Víctor Yodo aquel desaparecido en aquellos años en que deslumbraban con su señuelo de “luchadores sociales”. Hoy quieren revivir la imagen de dignidades que no tienen.

La disputa terminó en que Montero haya comprado, dicen, su candidatura al PT. Víctor jugó con el Morena. Después de las elecciones ambos alegan trampas. La elección la están disputando en tribunales. Los dos se acusan de compra de votos y una serie de trapacerías.

Resulta una desgracia lo que han hecho en ese histórico municipio, el más politizado del estado, decían, La realidad es que los caciques lo convirtieron en ejemplo de un pueblo que ahora parece tener dueño cuando los juchitecos soñaban una ciudad progresista, una ciudad libre, altamente politizada e informada. Vemos que no es así.