I. En este artículo se pretende provocar un interés en el estudio de ese ámbito privado: al interior de lo que comúnmente se denomina las familias, entre las esferas de la circulación y el consumo económicos que se encapsulan en lo que se denomina lo doméstico.

Las ciencias sociales en particular la Psicología y Sociología, pero también la Antropología y el Derecho (cuya especificidad fue legada por el Derecho Romano), y la Economía (Gary Backer, Tratado de la Familia, 1981 y Esther Duflo, Women Empowerment and Economic Development, 2012) han incursionado en investigar a la familia como una unidad de análisis, derivando conceptualmente los procesos y estructuras sociales. Recientemente el enfoque ha cambiado, desde una perspectiva interdisciplinaria y transdisciplinaria se han creado los estudios de la familia.

En la primera línea de este artículo se menciona un aspecto fundamental para entender las dinámicas internas de las familias que es el ámbito privado. Esta característica o ruptura histórica deviene desde la época del Renacimiento y a través de más quinientos años ha sido el espacio o territorio donde se ha desarrollado la reproducción y la desigualdad social por medio de los trabajos de cuidado y además con una estructura de dominación del patriarcado heredada desde muchos años atrás.

Hablar de la dimensión espacial es fundamental para delimitar el territorio y los confines donde se lleva a cabo los procesos de sometimiento, la desigualdad y su permanencia de las relaciones entre hombres y mujeres, más bien de las relaciones de sometimiento de los hombres hacia las mujeres. En este ámbito se lleva a cabo una pedagogía de la inequidad que se hereda de generación en generación y que opera desde las dinámicas relacionales hasta penetrar en los propios cuerpos feminizados.

La economía feminista derivada el Pensamiento Crítico Marxista propone el estudio de las formas específicas de explotación de las mujeres y de los cuerpos feminizados en el sistema capitalista actual. (véase libro digital gratuito de la teórica y activista argentina Verónica Gago, La potencia feminista o el deseo de cambiarlo todo, España: Tinta Limón, Traficante de Sueños, 2019, p. 125)

II. En un informe sobre las familias en México realizado por la UNAM, celebrando el día internacional de la familia (15 de mayo), se mencionan las siguientes características y se da testimonio de la diversidad de las familias en México muy lejos de esa idea anacrónica y machista que aún permanece en la mayoría de las mentes de la gran familia nuclear tradicional: “en la actualidad la familia se ha diversificado y se reconocen 11 tipos, dentro de tres grupos principales: la familia tradicional, en transición y la emergente.

La primera, que representa el 50 por ciento de los hogares mexicanos, está integrada por un papá, una mamá y los hijos. Se subdivide en: con niños, con adolescentes y extensa; en esta última clasificación se incluyen abuelos o nietos.

En la familia en transición no existe una de las figuras tradicionales. Aquí se contemplan los hogares encabezados por madres solteras; parejas sin hijos o que han postergado su paternidad; parejas de adultos cuyos hijos ya no viven con ellos (conocidas como “nido vacío”); co-residentes, en la que cohabitan familiares o grupos de amigos sin parejas; y unipersonales, con individuos que viven solos. Este grupo representa el 42 por ciento de los hogares.

En tanto, la emergente abarca los hogares encabezados por padres solteros; parejas del mismo sexo; y parejas reconstituidas que han tenido relaciones o matrimonios previos, al igual que hijos (también se les denomina parejas con los tuyos, los míos y los nuestros). Este tipo de familia se ha incrementado desde principios de siglo y está marcando tendencia (Carlos Welti Chanes, especialista del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM).

III. Al estudiar los fenómenos objetivos y subjetivos que derivan de las actuales rupturas que se presentan en el tiempo del confinamiento derivado de la Pandemia provocado por el Sar-CoV-2 en las familias mexicanas se considera que el abordaje pertinente para tal fin es a partir de lo que la Economía Feminista llama: La reproducción social.

Porque en una situación tan extrema como ha sido el confinamiento donde se verifica un destroncamiento de las relaciones económicas al interior y exterior del territorio de las familias se continuó la reproducción social, ésta se entiende como la continuidad de una estructura que proporciona sobrevivencia y estabilidad a los integrantes del grupo. Lo cual implica que aunado a las características propias y “normales”, se agregaran otras más disruptivas relativas al confinamiento.

Podemos deducir algunas tendencias que se constataron en las primeras fases de la Pandemia y que aún perduran, estas tendencias las podemos derivar del estudio denominado: Impacto de los determinantes sociales de la COVID-19 en México, de Alejandro Cortés-Meda y la Mtra. Guadalupe Ponciano-Rodríguez publicado el pasado 4 de mayo, 2021 por el Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM. (véase el siguiente repositorio: https://covid19comisionunam.unamglobal.com/?p=89679) En este artículo se comenta que: “los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local (y se agregaría para fines de este artículo el nivel microsocial), que depende a su vez de las políticas adoptadas por cada país”. Además, “Estos grupos (se refiere a Grupos Vulnerables) presentan mayor riesgo de enfermar y morir, ya que por las características de su entorno tienen mayor exposición a factores de riesgo al tiempo que tienen menos factores protectores o recursos para hacer frente a las enfermedades”.

Se desprende de su estudio que “las discrepancias en la incidencia y mortalidad por la COVID-19 en población vulnerable podrían estar relacionadas con un mayor riesgo de exposición al SARS-CoV-2. Por ejemplo, carencias de servicios de salud y económicas, hacinamiento, problemática familiar, insalubridad en la vivienda y el ambiente, inseguridad social, discriminación y trabajos que requieren realizarse de manera presencial (empacadores, agricultura, servicios, atención médica, entre otros). Además, tienen mayor frecuencia de padecimientos subyacentes como la hipertensión, diabetes, obesidad, inmunosupresión o tabaquismo (aunque este último, en un estudio reciente en población mexicana no demostró ser un factor de riesgo). México conforme disminuye la posición socioeconómica se incrementa la probabilidad de tener obesidad, hipertensión y diabetes”. Se reconoce que los procesos relacionados con estos tres padecimientos se vinculan a la alimentación, proceso y actividad económica que en México gran parte pertenece al trabajo de cuidado.

IV. De esta manera se puede constatar que la creciente tendencia de estrés en la sociedad mexicana y en particular dentro del ámbito familiar han tenido como elemento crucial, en primer lugar, la desarticulación de la reproducción social, dado que ésta se vio trastocada por vía de la extinción de las fuentes de ingresos, desempleo. En algunos casos fatal dado la destrucción de dichas fuentes de empleo; En segundo lugar, vía la muerte de hombres y mujeres proveedores de tales fuentes de ingreso, se reconoce que el segmento de la población afectada (decesos) es entre 30 y 59 años de edad. En tercer lugar, el otro proceso aún no estudiado a profundidad que es el endeudamiento de las familias en México derivado del ajuste y reestructuración de las fuentes de ingreso.