Jesús Emilio de Leo
En entregas anteriores afirmé que en las elecciones del pasado 6 de junio estaba en juego el nuevo andamiaje jurídico del porvenir, incluida la elección del 2024 en la que se elegirá de nueva cuenta al Titular del Poder Ejecutivo Federal y sobre la cual ronda el fantasma de la reelección y como se pretendió hacer ver, que la propuesta central era el regreso de los programas sociales o la idea superficial de la transformación.
Después de la jornada electoral y durante el lapso de una semana han surgido infinidad de análisis en torno a sus resultados, la conformación de la Cámara de Diputados y los congresos locales, la distribución de las gubernaturas y las presidencias municipales; y en varios de esos análisis se ha planteado la idea de que todos los partidos perdieron o que en contraste ganaron la ciudadanía y los órganos autónomos como el INE.
En las declaraciones de los apologistas de la oposición a la 4T insisten que Morena perdió 14 millones de votos y 59 diputaciones federales respecto a la votación que obtuvo en 2018. Por su parte, los contrarios afirman que le arrebataron 8 gubernaturas al PRI y 2 al PAN, lo que equivale a 10 de las 15 que estuvieron en disputa.
¿Realmente alguien ganó y alguien perdió? La política es la lucha por la conquista del poder y en ese contexto las y los candidatos y sus partidos presentan propuestas con las cuáles puede o no estar de acuerdo la ciudadanía, preferencias que se manifiestan en una jornada electoral y que determinan al gobierno que entrará en funciones.
Un hecho sin precedente fue el alto nivel de participación que registró esta elección intermedia, sin perder de vista que, aunque la vacunación para prevenir la COVID-19 avanza paulatinamente, nos encontramos en pandemia. Tal vez fueron las ganas de salir las que motivaron el nivel de participación o realmente el proceso electoral interesó a quienes acudieron a depositar su voto. Salvo incidentes focalizados e identificados, la organización de la jornada electoral fue impecable, parece que el fantasma del fraude al que se hace referencia líneas arriba, cada vez es más un referente histórico que un protagonista de las elecciones. Los medios de comunicación mostraron sus matices de acuerdo a sus audiencias y eso hace posible concretar su propósito que es el de vincular personas con propuestas. Las encuestadoras tendrán que perfeccionar sus métodos, ya que existieron variaciones entre los resultados proyectados y los obtenidos. Lo lamentable de estas elecciones fueron los 88 asesinatos de candidatas y candidatos que en promedio se contabilizaron en el país.
Es evidente que somos una sociedad de contrastes y que miramos nuestra realidad a través del vaso medio lleno o medio vacío, pero sin lugar a dudas la democracia mexicana tuvo un buen desempeño en esta elección del 2021. La polarización de las opiniones a la que se ha hecho referencia, no es justificable, pero a lo largo de nuestra historia nacional siempre ha estado presente, tal vez sea necesario hacer una revisión general en nuestra historia para encontrar sus rastros, que ha estado presente desde el México antiguo. Una referencia de lo anterior, aparece en la décima tercera reimpresión de la Nueva Historia Mínima de México, editada por el Colegio de México, la cual se publicó por primera vez en 1973 y de la cual se consideró que era necesario revisar los hechos suscitados en los albores del siglo XXI, por eso, un grupo de siete investigadores prepararon una versión actualizada en 2016, la cual muestra perspectivas y explicaciones básicas de nuestra historia.
Ahora, sólo les queda a las y los políticos cumplir con lo que prometieron, ya que su desempeño será el escenario en el cual se lleven a cabo las próximas elecciones.