La lección del proceso electoral último, tiene diversas aristas, según desde el ángulo del que se le observe, pero sobre todo, desde el contexto en el que nos ubiquemos y de cómo manejemos las circunstancias al momento de construir nuestra realidad.

Si se está en derredor de la silla presidencial y desde ahí nos llega la burbuja que flota en la atmósfera circundante y se es del pequeño comité que tiene acceso mañanero a las interesantes sesiones de preguntas y respuestas prefabricadas, la visión será sumamente colorida, jubilosa y con un horizonte de largo alcance.

Pero si somos de “los otros” entonces la visión puede ir pendularmente desde el pesimismo más autodestructivo y suicida, hasta un incipiente optimismo futurista del “destino manifiesto” apoyados en el fatalismo de las leyes de la física, química, biología y matemáticas por mencionar algunas casi exactas, esas academias que no son precisamente del agrado de “ya sabes quién”.

Igual también dependerá mucho de otras circunstancias menos rígidas o duras y que pueden ser manipulables si llegamos a merecer el perdón de nuestros pecados ideológicos y de nuestras hechuras partidistas o nuestras inevitables cercanías al poder antiguo o viejo régimen, al emplearte en esos “gobiernos malditos”.

Si eres de lo que ya cambió, obviamente que ya no eres como antes, porque simple y sencillamente así se decreta presidencialmente cada mañana o mañanera; se te augura un “bienestar” pleno, para ello hay que ser pobre porque solo así se tiene la gracia del señor, “primero los pobres”.

Ahora bien, los efectos reales de una simple jornada electoral siempre tienen su impacto inmediato y mediato. Quienes tienen una visión cortoplacista y su horizonte no ve más allá de sus narices estarán entre los pesimistas que ven todo perdido y van a buscar a cualquier costo estar entre los “ganadores”. Ya conocemos de muchos casos, siempre ocurre, es un lugar común.

Pero si la visión tiene misión, entonces el horizonte de expectativas es amplio, claro y de gran oportunidad para demostrar la capacidad real de qué se está hecho. Quienes se ubiquen en esta zona de pensamiento y acción políticas seguramente que lo sucedido tendrá explicaciones causales y no casuales; esas causas, entonces, serán analizadas con ciencia y a conciencia.

Así las cosas, es tiempo de preguntas, hipótesis, reflexiones, ecuanimidad y sobre todo, de aplicar el principio fundamental de toda acción política a emprender, la prudencia. Ello dará respuestas certeras para soluciones profundas.

Algunos apenas están llegando a “lo nuevo” la moda, la tendencia; otros ya van de salida, ya se aburrieron de los mismo y se hartaron de ser “los otros” los desclasados. Y como no hay programas ni políticas gubernamentales incluyentes, se agotó la espera mientras la “leche gratis” se cortaba, el paraíso terrenal nunca llegó.

En fin, todo lo que sube tiende a bajar. Las leyes naturales nos enseñan lo que las reglas sociales de la política no dejan ver cuando el ofuscamiento nos domina. Es interesante, por ejemplo, la aplicación de las leyes de la termodinámica para encontrar las causas de la derrota de aquellos que pensaban que con métodos tradicionales ya tenían segura la victoria.

Bien, nos leemos próximamente, mientras tanto que haya paz y no olvidemos que “la política como la materia y la energía, no se crea ni se destruye solo se transforma”. Estamos, nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO