El 4 de julio se celebra la Virgen María, en su advocación de “Nuestra Señora del Refugio de Pecadores”. En esta ocasión por ser domingo, se omite en la Liturgia, pues el Domingo es el Día del Señor.
La festividad de Nuestra Señora del Refugio coincide con la fecha de su coronación, ocurrida en el año 1719, concedida por el Papa Clemente XI, en una época difícil para los habitantes de Europa, por las divisiones entre los cristianos y tantas muertes a causa de las grandes pestes, sobre todo en Francia e Italia.
Tanto la devoción, como la propia imagen de Nuestra Señora del Refugio, se deben al Beato Antonio Baldinucci, misionero jesuita, quien mandó a hacer una copia especial de la imagen de Nuestra Señora de la Encina, venerada en Poggio Prato, Italia, cerca de Monte Pulciano. A esa nueva imagen de la Madre de Dios, la nombraron Nuestra Señora del Refugio de los Pecadores, pues el Beato Antonio Baldinucci, la utilizó en su arduo trabajo misionero en pro de la conversión de los pecadores, y propagó entre los cristianos la confianza cierta de que en María Santísima tenemos un refugio seguro en nuestro peregrinar por este Mundo, a pesar de los peligros, angustias y luchas; y sobre todo, un refugio para alcanzar la gracia de la conversión de los pecadores.
Nuestra Señora del Refugio ha despertado siempre un gran fervor en sus santuarios. San Juan Pablo II dijo en alguna ocasión que esos templos son lugares de conversión, de penitencia y de reconciliación con Dios; y decía que la Virgen del Refugio despierta en nosotros la esperanza de la enmienda y de la perseverancia en el bien, pues nos permite superar las múltiples estructuras de pecado en las que está envuelta nuestra vida personal, familiar y social.
En nuestro país, fueron justamente los misioneros de la Compañía de Jesús, a mediados del siglo XVII, quienes difundieron esta devoción; específicamente el sacerdote jesuita Juan José Giuca, quien presenció la coronación pontificia de la imagen original (la cual se conserva en la ciudad de Frascati, al sureste de Roma), y trajo la primera estampa de esta advocación mariana, la cual fue acogida con gran fervor por el pueblo mexicano, particularmente en el Bajío, y en estados como Zacatecas, el Estado de México y Puebla.
La Virgen del Refugio se representa sentada y con el Niño Dios de pie sobre su regazo, ambos coronados con una diadema real engarzada en pedrería. Es tan noble el corazón de Nuestra Señora del Refugio de los Pecadores, que a pesar de no compartir con nosotros la mancha del pecado, pues fue preservada incluso del pecado original, aún así nos brinda su amor y refugio, no en el pecado, sino para guiarnos y protegernos en el camino de la conversión.
Como dice la Oración Colecta de la Liturgia de esta fiesta mariana, rogamos a Dios Todopoderoso y Eterno, quien ha constituido a la Santísima Virgen María refugio y auxilio de los pecadores, que nos otorgue, por su maternal intercesión, el fin de esta pandemia, como lo hizo hace 3 siglos y en otras ocasiones; y, como ha dicho el Papa Francisco, que el Corazón Inmaculado de María Santísima, sea el refugio de pecadores y el camino que conduce a Dios. ¡Que así sea!
    LUBIA ESPERANZA AMADOR.
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