A lo largo de la vida de un político su interacción con personas es un hecho obligado, natural, de estas interacciones es su obligación salir siempre avante o por lo menos no salir subordinado. Tener libertad en su toma de decisiones es su condición fundamental.

Mantener la racionalidad y no dejarse dominar por las emociones en estas interacciones es una obligación del político. Las pasiones son malas consejeras en las interacciones políticas.

El conocimiento de la conducta humana es una condición para salir avante en las interacciones. Requiere profundizar en la naturaleza humana, conocer de sus motivaciones, una vez logrado esto, actuar en consecuencia. Político que no conoce la naturaleza humana está condenado al fracaso.

 El conocimiento de sí mismo del político le facilita para salir avante en sus interacciones. Desde luego, conócete y conoce a tus semejantes es la regla.

La naturaleza humana es aquello que tira de nosotros desde lo más profundo de nuestro ser. Surge de la programación específica del cerebro humano, la configuración del sistema nervioso y la forma en que los seres humanos procesamos las emociones. El cerebro es el comandante de nuestras acciones.

Las interacciones humanas conllevan una serie de emociones que el político debe de saber sobrellevar con eficacia. Nunca antes habíamos estado tan esclavizados a nuestra naturaleza a su potencial constructiva y destructiva, vale no ignorarlo.

La permeabilidad de nuestras emociones se ha agudizado con las redes sociales, donde los efectos virales arrasan con nosotros una y otra vez, y donde los líderes más manipuladores son capaces de explotarnos y controlarnos.

Es necesario observar la agresividad que se exhibe abiertamente en el mundo virtual, en el que resulta muy fácil poner en juego nuestros lados sombríos sin repercusión alguna. Las redes sociales son un mundo de interacciones que repercuten en nuestra vida diaria y en nuestros comportamientos políticos.

Es de notar también la propensión de compararnos con los demás, a sentir envidia y buscar prestigio mediante la atención se ha intensificado con la capacidad para comunicarnos tan rápido y con tantas personas a la vez. El potencial del caos que se deriva del lado primitivo de nuestra naturaleza no ha hecho más que aumentar.

Vale el principio de que un hombre será mejor cuando le hagas ver cómo es en realidad y de transformar su naturaleza para el bien común, este es la labor del político.

El reto del político, en mundo de interacciones sociales, que sustituyen poco a poco las relaciones cara a cara, es la construcción del mundo democrático que permita la disminución de las características negativas de la naturaleza humana.