En un 23 de julio, hace 10 años, el mundo de la música se sacudió lastimosamente. La cantante británica de sólo 27 años Amy Winehouse fue hallada sin vida en su departamento en el Reino Unido.

Con su trágica muerte, Amy se unió al selecto club, conocido por muchos como el del 27. Winehouse llevaba cuatro años sin levantar cabeza. Quién sabe si aterrada por tener que subir a los escenarios. Afirmaba la telonera de su último concierto en Belgrado que la empujaron los guardaespaldas a subir al mismo.

Incapaz de detener su espiral autodestructiva, su muerte engrosa la impactante lista de glorias del rock muertas precisamente a los 27 años en trágicas circunstancias: Jimi Hendrix; Janis Joplin; Jim Morrison; el Stone, Brian Jones; y el más reciente antes de ella, el símbolo del Grunge, Kurt Cobain; quien con un enfisema pulmonar, y tras el enésimo intento de dejar las drogas, quizá creyó, lo que tantos adictos creían en alguna de sus recaídas: que su castigado organismo aguantaría las mismas dosis de los tiempos de duro consumo de drogas. Esa creencia le llevó al más allá.

Todos sabían de las adicciones de Winehouse. Nadie supo del verdadero drama de su vida íntima en la lucha constante contra las drogas y el alcohol. Ganadora de 5 Grammys, tuvo en su corta carrera constantes problemas con los estupefacientes. Había ingresado en el pasado a numerosas clínicas de rehabilitación.

La noticia del fallecimiento de la cantante británica circuló rápidamente a través de Twitter, después de que Sarah Brown, esposa del ex primer ministro británico Gordon Brown, afirmase que el fallecimiento de Winehouse era una “noticia muy triste”. “Un gran talento, una voz extraordinaria, una muerte trágica, condolencias a la familia”, escribió en la red social.

Winehouse nació en Londres el 14 de septiembre de 1983; era conocida por sus mezclas de diversos géneros musicales, como el Soul, Jazz, R&B, rock & roll y Ska. Una voz excepcional. Recordar su trágico deceso en estos días, en este mundo de excesos, debe servirnos para reflexionar sobre el extraño aparejamiento y complicidad entre la fama y la desgracia. Desgracia para muchos jóvenes que representa perder el seno familiar. Desgracia: por no saber administrar los recursos ganados fácilmente. O simplemente, desgracia que representa no establecerse en la realidad.

Cuando todavía no completaba 3 décadas de vida, el cuerpo de la cantante fue hallado alrededor de las 16:00 hrs. en su departamento en Londres. Una verdadera pena para quienes admirábamos su enorme voz, su talento, su particular belleza y esplendor.

Lo de Winehouse nos debe conducir a varios escenarios: a quienes somos padres a entender y valorar a nuestros hijos; también a establecerlos en la dimensión justa de la vida y sobre todo a encausarlos en el camino de la objetividad; y a quienes son hijas e hijos, a entender las fatalidades a las que conducen los excesos y el desenfreno.

Recordando a una de las mejores voces femeninas de los últimos años, tenemos que reflexionar: nuestros hijos, son lo más hermoso que la vida y la naturaleza nos han dado.

Velar por ellos es nuestra responsabilidad, nuestro camino y nuestro destino final.

Tuíter: @santiagooctavio