El político debe tener el control de su destino, planear conscientemente el curso de su vida, para ello debe de dominar sus emociones, su ego, conectarse con la realidad, tomar decisiones acertadas, evitar conductas de patrones negativos, invitar la racionalidad para contrarrestar acciones negativas, pensar en lugar de reaccionar, abrir la mente en verdad con lo que ocurre en contraste con los sentimientos. Hacer esto es cultivar su potencia para el dominio de las pasiones.

 En las relaciones con sus semejantes, en sus interacciones, debe temer más a sus errores que a las estrategias de los opositores o enemigos. Lo segundo es un hecho objetivo, lo primero es un hecho subjetivo, difícil de controlar. La única solución para no dominarse de las emociones y pasiones es controlar la mente, desde luego, esto sugiere ejercicio y práctica.

La mente es una fuerza que permea el universo, crea orden y sentido a las cosas, es la fuente de la inteligencia. Al usar la mente se puede ver el universo con claridad y concebir la acción correcta de acuerdo a las circunstancias. No es correcto tomar decisiones, mucho menos decisiones políticas bajo el influjo de las emociones.

Se debe saber que la inteligencia, la racionalidad y el control de las emociones se aprenden, nacen de la práctica constante. El primer ejercicio, para el político, es el conocimiento de sus emociones y de su relación con la racionalidad en sus interacciones sociales. Conocer sus irracionalidades puede ser el principio del desarrollo de su inteligencia.

El político debe ser consciente de sus irracionalidades, reconocerlos es un primer paso de la inteligencia, de esta manera se estará en condiciones de éxito para tratar con las personas irracionales. La energía de los impulsos y emociones debe servir a nuestro lado pensante.

 El camino de la racionalidad implica:

a.- Reconocer los sesgos. El deseo de placer y la evasión del dolor es lo clásico.

b.- Tener cuidado con los factores explosivos.

c.- Establecer estrategias para que el lado racional aflore:

c.1.- Tales como: una realista evaluación de sí mismo y sus debilidades, devoción por la verdad y la realidad, una actitud tolerante hacia los demás y capacidad para cumplir las metas que se proponen.

c.2.- Conocerse muy bien: si el político conoce lo que le distingue como diferente, también será capaz de resistir la influencia del sesgo y efectos grupales.

c.3.- Examinar las emociones hasta la raíz.

c.4.- Incrementar el tiempo de reacción.

c.5.- Aceptar a la gente como un hecho objetivo.

c.6.- Buscar un equilibrio óptimo entre pensamiento y emoción.

c.7.- Gustar de lo racional: ser capaz de dominar el lado emocional produce claridad y sosiego, estado anímico en el que afectan menos los conflictos y consideraciones nimios.