La gente se pone la máscara que la hace verse mejor. Aprende ocultar sus malas pasiones. Si se confunde esta apariencia con la realidad, estaremos tratando con una persona que nos puede sorprender. Sin embargo, el político puede aprender a identificar a las personas para su provecho. 

En casi todas las relaciones políticas el fingimiento es la norma, es difícil ser auténtico en la política, suele ser motivo de uso para el daño, se vuelve vulnerable. El que es sincero suele pagar las consecuencias. 

 El éxito de un político depende de su capacidad para comunicarse con los demás. Pasar por alto la información verbal y no verbal de la gente es operar políticamente a ciegas, invitar el malentendido y perder incontables oportunidades de influir en los demás por no notar los signos de lo que en verdad desean o necesitan. Conocer a las personas en la primera sentada es virtud de un buen político. 

 El conocimiento de las personas requiere atención y observación; conocer la naturaleza distinta de la expresión no verbal de las personas; significa abrir los sentidos y relacionarse más con los demás en el nivel físico. 

 El conocimiento no verbal permitirá al político correlacionar un gesto con una emoción, no pasará nada por alto, las relaciones con la gente serán mucho más ricas y confiables. En suma, conocer y comprender a la gente es una facultad social que debe tener el político. 

 El político debe aceptar la teatralidad de la vida, ni debe moralizar, ni protestar por el juego de roles y el uso de máscaras, esenciales para suavizar el trato humano. Sin la existencia de las máscaras, seguramente nuestras relaciones serían muy crudas y muy difíciles de llevar a cabo. 

 Debe también interpretar con habilidad su papel en el escenario de la vida, atraer atención, dominar los reflectores y convertirse en un ser simpático. El político vive del reconocimiento de los ciudadanos. 

 Es necesario no ser ingenuo al confundir la apariencia con la realidad. Es necesario no dejarse impresionar por las habilidades actorales de los demás. Debe descifrar con maestría los sentimientos verdaderos de los otros, es necesario practicar habilidades de observación en forma cotidiana. 

 Elementos básicos del arte de manejar las impresiones: Domina las señales no verbales. Sé un actor de método. Adáptate a tu público. Crea una primera impresión apropiada. Emplea efectos dramáticos. Proyecta cualidades angelicales. 

El político debe crearse un personaje, un estilo de hacer política, una identidad política, una simbiosis entre máscara y realidad. En suma, el político debe ser un personaje.