Cipriano Miraflores

El político debe saber adentrarse en el carácter de las personas. Es necesario evaluar la fuerza del carácter de las personas por lo bien que pueden manejar las adversidades, la capacidad para adaptarse y trabajar con los demás, su paciencia y aptitud para aprender. Acercarse a personas positivas y alejarse de las personas tóxicas.

En la política no existen lobos solitarios, los que pretenden serlo es muy seguro que fracasarán, la política es de grupo, de equipo, de compañeros, de camaradas, de compromisos, de ideas compartidas, de intereses mutuos, de aquí la importancia de conocer el carácter de quienes lo rodean.

Estar en equipos en dónde no se conocen a las personas es navegar en la oscuridad, sin rumbo fijo, es ir a la deriva, en política esto no es válido ni aconsejable. Desde luego, no se está pidiendo que el político sea maestro de las ciencias psicológicas, no, simplemente que sea un buen observador, tener sentido común.

Debe conocer también su carácter para poder romper sus patrones compulsivos y asumir el control de su destino. El principio es conócete a sí mismo.

Se debe saber que el carácter es algo arraigado o estampado en el ser humano, que lo conduce actuar de cierta manera, más allá de su conciencia y control. El carácter consta de cuatro componentes esenciales:

1.- El primer componente procede de la genética, del modo particular en que está programado el cerebro, lo que predispone a ciertos estados de ánimo y preferencias.

2.- El segundo componente se formó en nuestra infancia.

3.- El tercer componente de nuestro carácter se forma durante nuestro crecimiento a partir de nuestras experiencias y hábitos.

4.- La cuarta etapa implica cierto conocimiento del carácter que se traduce en su ocultamiento.

 Para estudiar el carácter de las personas se debe tomar conciencia de sus fachadas y aprender ver más allá de ella. El indicador más evidente de las personas es observar sus acciones a través de un período de tiempo. Sus acciones y decisiones son semejantes casi siempre.

 Se dice que el mejor medio para conocer a una persona es darle poder político, se cree que el poder cambia a la gente, cuando en realidad la muestra tal como es. A algunos personas más vale no darles poder porque son un mal para la gente, para las naciones, para el pueblo.

 Se considera pertinente conocer a los tipos tóxicos de carácter tales como los siguientes: el hiperperfeccionista, el rebelde implacable, el personalizador, el imán del drama, el charlatán, el sexualizador, el príncipe mimado, el complacedor, el moralizador.

Habría que tratar de estar lejos de ellos, así enseña la prudencia.