Previo a las elecciones es común que los principales actores políticos –los que tienen el poder, los que aspiran a ganarlo y los terceros directamente involucrados- provoquen y alienten un ambiente de polarización para persuadir al elector, motivarlo a la acción y para que acuda a las urnas. Lo usual era también que tras las impugnaciones electorales se volviera a un clima de normalidad democrática en la que desde el poder se convocaba a la unidad mientras que los no ganadores concedían una especie de tregua para lamerse las heridas y prepararse calladamente rumbo al siguiente proceso. En este periodo se lograban mayores avances al existir cierta calma y mayor disposición al diálogo. Este año eso cambió. Desde mucho antes de las elecciones, durante la jornada electoral y hasta ahora no ha habido momento de reposo en el ambiente político debido, en mayor medida, a la pésima operación del presidente. López Obrador optó por mantener la presión alta en dos grandes y delicados vertientes. El primero es en su gabinete y en Morena: Insaciado con los resultados electorales emprendió una cacería de brujas para lanzar de su paraíso cuatroteísta a ex secretarias y a cercanos operadores políticos. Otros prefirieron abandonar el barco dejándolo en mayor vulnerabilidad. El híper adelantado destape de Claudia Sheinbaum desató la débil cuerda que sujetaba a Ricardo Monreal y aflojó la del canciller Marcelo Ebrard en tanto que la dirigencia oficial de Morena está diluida a la nada.

No respetar a sus propios cuadros le puede costar el mayor descalabro a su proyecto transexenal al quedarse solo con los leales, pero sin estructura en las calles. El segundo frente –y en creciente erupción– se mantiene abierto por su necesidad de estar en confrontación con otros partidos políticos, con empresarios, con la comunidad médica, con asociaciones civiles y ahora con la comunidad científica. Esta guerra, esta presión alta, no solo es dañina para la salud de MALO sino para la de la república que requiere paz y serenidad para atender problemas tan delicados como la imparable narcoviolencia, la frágil economía nacional y la depauperada política sanitaria. Aún hay tiempo.

Los ánimos se calentaron cuando Julia Tagüeña fue electa por la mesa directiva del Foro Consultivo como presidenta de esta instancia. La nombraron las y los representantes de 17 instituciones, entre las que destacan la UNAM, el IPN, el Cinvestav y la Anuies. Al parecer a María Elena Álvarez-Buyllá Roces no le gustó nada que su antigua conocida ocupara ese cargo. Aprovechó entonces el decreto presidencial de mayo de 2019, que prohibía al gobierno federal aportar recursos a las asociaciones civiles, para cerrar por completo el financiamiento que, durante más de 17 años, había ofrecido Conacyt al foro. Tagüeña, de su lado, se rebeló ante la embestida y convenció a la mesa directiva del foro de presionar al Conacyt, por la vía legal, para que cumpliera con sus obligaciones. El amparo promovido triunfó en primera instancia cuando un juez falló a favor de Tagüeña y en contra de Álvarez-Buyllá. La siguiente ronda fue ante la segunda sala de la Suprema Corte. La ministra Yasmín Esquivel atrajo el caso (nombrada por MALO) y el ministro Fernando Franco redactó una sentencia salomónica donde quedó claro que fue legal la entrega de los recursos al foro, entre 2002 y 2019, y que también sería legal la suspensión de ese financiamiento hacia delante. Insatisfecha con el resultado, Álvarez-Buyllá convenció al Fiscal General Alejandro Gertz Manero —recién premiado por Conacyt como integrante del Sistema Nacional de Investigadores— para que emprendiera una persecución contra Tagüeña y su foro. Fue entonces cuando la FGR denunció a los científicos “depurables” por ser parte de una extensa banda dedicada a la delincuencia organizada. El juez responsable del expediente dijo, ya en dos ocasiones, que tales acusaciones no tienen fundamento. Sin embargo, el miércoles 22 de septiembre el fiscal Gertz informó que, independientemente de lo que diga el Poder Judicial, él va a continuar esta guerra hasta ganarla.

El poderoso fiscal, lo sabemos, destila veneno contra quienes obstaculizan sus intereses; no perdona haberse sentido como paria cuando quiso acceder, sin méritos académicos, al Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, de ahí su obsesión por escarmentar a una comunidad de la cual nunca será parte, aunque la directora de la institución y un jurado a modo lo hayan admitido con el nivel más alto, como si tuviera una obra digna de presumir.Exhibido por Guillermo Sheridan como plagiario, al fiscal, tal vez, lo corroe la envidia por aquellos hombres y mujeres capaces de investigar, reflexionar y sobresalir dentro y fuera del país en la ciencia y la academia, libres de las locuras nacionalistas de un régimen refractario al pensamiento crítico, pecado imperdonable entre los proclives a la genuflexión y la obediencia ciega.

Alejandro Gertz y la directora del Conacyt han fraguado la escandalosa cacería, pero no están solos. En la siniestra travesía los acompañan legisladores de Morena, funcionarios, periodistas oficiosos y oficiales y el propio Presidente de la República, para quien los científicos acosados son prácticamente unos vividores. “¿Qué han hecho?”, se preguntó la mañana de ayer en Palacio Nacional, para enseguida responderse: “Nada, nada, coloquios, congresos, viajes al extranjero, viáticos”. Agregó “Hasta una casa compraron en Coyoacán, por qué no mejor en Iztapalapa”. Esta idea, permeada por la ignorancia o la mala fe, satura las redes sociales con los agresivos mensajes de sus fanáticos, dispuestos a todo, incluso al ridículo, para desacreditar a los perseguidos por el gran inquisidor, deseoso de refundirlos en Almoloya. Que es un penal para delincuentes de mega peligrosa conducta, nada que sea atribuible a los científicos, que es la sed de venganga de los tres degolladores, lllevando a cabo la gansa inquisición.

Jugadas de la Vida

Doña Eva Sámano recibió honores “Gran protectora de la infancia” se hizo acreedora a doctorados Honoris causa por la Universidad Femenina de Filipinas y por la Universidad de Florida.

Twitter: @ldojuanmanuel