EL UNIVERSAL

Alejandro Hope

El Baby’O, la legendaria discoteca que dominó la vida nocturna de Acapulco durante más de cuatro décadas, ardió en llamas hace dos días.

Las autoridades del puerto aún no han confirmado oficialmente la causa del siniestro, pero todo indica que se trató de un incendio provocado. Javier Tejado, compañero de las páginas editoriales de EL UNIVERSAL y poseedor habitual de muy buena información, señaló que “de un automóvil estacionado afuera del restaurante-discoteca Baby’O se bajaron varias personas, golpearon al vigilante y se metieron con bidones de gasolina a vaciarlos en la parte interior del recinto, para luego prenderle fuego”. Esa versión fue luego confirmada por el dueño del establecimiento, Eduardo Césarman.

¿Qué sucedió? ¿Por qué alguien decidió destruir un espacio icónico de Acapulco? ¿Extorsión? ¿Cobro de piso? Según Césarman, eso no pudo haber sido el móvil: “en la vida habíamos recibido alguna amenaza, ninguna solicitud de derecho de piso, nada de nada”. De hecho, el establecimiento llevaba casi año y medio básicamente cerrado, solo organizando algunos eventos privados.

Otra posibilidad es que el ataque pudiera haber estado relacionado con el cambio de poderes tanto en el estado como en el municipio. Guerrero estrena en 15 días gobernadora (Evelyn Salgado) y Acapulco tiene nueva alcaldesa (Abelina López). El atentado pudo haber sido un mensaje a cualquiera de las dos, o a ambas, de alguno de los múltiples grupos armados que operan en territorio guerrerense.

¿Y cuál sería el mensaje? Que pueden golpear donde sea y a quien sea y que no tienen más límites que su imaginación. No está de más recordar que el Baby’O se encuentra en plena Costera Miguel Alemán, a menos de 500 metros de la base naval de Icacos, y que el ataque se dio a una hora en la que hay amplia circulación en esa zona de Acapulco.

Si eso fue, se trata de un mensaje potente y no solo para las autoridades. Después de lo ocurrido, ¿habrá algún negocio de cualquier tamaño en Acapulco que se niegue a pagar piso o que se atreva a denunciar un intento de extorsión? Tal vez los delincuentes no hayan querido extorsionar al Baby’O, pero destruirlo les abre un sinfín de oportunidades de extracción de rentas ilícitas. El miedo no anda en burro, dicen.

Ante esto, ¿qué deberían hacer las autoridades? Primero, abandonar las evasivas: durante buena parte del día de ayer, trataron de colocar la versión de que el incendio había sido producto de un corto circuito. Esa teoría quedó perfectamente desacreditada luego de las declaraciones de Césarman. Esto fue un atentado y no queda más que aceptarlo.

Segundo, las autoridades deberían tratar de dilucidar lo más rápido posible los motivos del ataque. Si hubo un mensaje a la gobernadora o a la alcaldesa, habría que tratar de entender qué les quisieron decir, además de enviarles una muestra de impunidad cínica.

Tercero, habría que asumir que este pudo haber sido el primer ataque incendiario en Acapulco, pero probablemente no sea el último. No sorprendería que quien se atrevió a quemar el Baby’O pueda intentar algo igual o peor (incluyendo algún ataque en un establecimiento concurrido, no uno vacío):

Cuarto, hay que suponer que la extorsión va a ir a en ascenso en Acapulco, luego de lo ocurrido. La amenaza de la posible destrucción de un negocio se volvió dolorosamente creíble. Nada facilita más la vida de los extorsionadores que el miedo.

Esto obligaría a actuar de manera rápida y contundente. Pero Guerrero siendo Guerrero, es más probable que nada pase y que del incendio solo surjan cenizas y temor.

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