Es penoso que se sienta el presidente L(í)opez Obrador un profeta de la postverdad, que ha vomitado más de sesenta mil mentiras durante sus homilías postfactuales, vea ínclita lectora, lector querido, a los miembros de lo que Jonahan Bauch bautizó como la “reality based community” como sus enemigos existenciales. La suya, como la de Trump , Bolsonaro u Orbán es juna rebelión de las tinieblas en contra de la modernidad y sus valores. Un intento desesperado por frenar el avance de la humanidad y volver al pasado. Es fácil analizar al obradorismo porque tanto el demagogo como sus huestes son totalmente transparentes, su antiintelectualismo autoritario es descarado. Además, Obrador es un personaje caricaturesco, un cliché ambulante que practica una demagogia soez envuelta en un discurso paupérrimo. Partiendo de un diganóstico correcto sobre la deshonestidad y perversidad patológica de MALO, no era necesario ser Nostradamus para predecir con precisión milimétrica a lo que le esperaba al país. 

Porque el populismo bananero es más predecible que una telenovela mexicana y sus escenografías son igual de baratas. Por eso fue tan fácil sencillo aterradoramente augurar, por ejemplo, que México sería uno de los países más afectados por la pandemia. Pues era obvio que Obrador jamás iba a escuchar el consejo de los expertos y que dedicidiría rodearse de lacayos y aduladores como Matell (por aquello que resulté ser un juguete). Los detentes , la hostilidad contra los cubrebocas, el recahazo a las pruebas masivas, el abandono del personal de salud, la mordida a una niña inocente, las cifras adulteradas, la negativa a brindarle apoyo económico a la población ,los semáforos epidemiológicos sujetos al capricho presidencial, la lentitud de la vacunación, todo encaja en el perfil de un demaagogo populista, orate, ignorante, perverso y estólido.

Hoy que es “2 de octubre, no se olvida” es un muy buen día para exigir una disculpa, un perdón del Estado mexicano por sus errores y qué mejor que sea directamente de quienes los cometieron. El primer perdón que esperaríamos es aquel que nos evoca la fecha: uno que aún puede salir de la boca de Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación cuando la matanza del 2 de octubre de 1968. Sí, el también ex presidente que replicó Tlatelolco aunque a escala el 10 de junio de 1971 durante “El Halconazo”. Haría muy bien MALO si le exige esta disculpa histórica a su mentor y guía. A ver si se atreve. López Portillo y De la Madrid ya no están entre nosotros y por supuesto que Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña tendrían que ofrecer disculpas por muchos agravios, desde crisis económicas, violaciones a derechos humanos, pérdida del estado de derecho y corrupción pero a ninguno de ellos los recuerdo exigiendo que otros les ofrecieran “perdón”. 

López Obrador lo exige afuera pero lo niega dentro. Le debe un perdón a cada una de las familias de los 68 ¡68! defensores de derechos humanos asesinados en su sexenio. Perdón a cada uno de los deudos de los 43 periodistas ultimados en su gestión. Perdón a cada una de las familias de las más de 100 mil víctimas de la violencia tolerada y alentada por el régimen central. Perdón a cada una de las más de 500 mil víctimas reales y directas de la covid-19 por el pésimo manejo de la pandemia en México. Perdón a las más de 130 familias mutiladas y quemadas por la explosión de Tlahuelilpan que ninguna autoridad federal evitó. Perdón a cada papá y a cada mamá de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa porque lucró con su dolor y en tres años no ha podido darle paz a su duelo. Perdón a las víctimas de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México por dejar en la total impunidad y hasta impulsar a sus responsables. Perdón por cada familia víctima de los cárteles de la droga que han quedado en total indefensión en medio de una narcoguerra invisible para Palacio Nacional. Perdón a quienes votaron por él y los defraudó. Perdón a su propia madre por generarle tantas injurias. El perdón no restaura, pero es un buen punto para comenzar de nuevo. Lo necesitamos.  Ergo, L(í)opez Obrador es un arrepentido sin dar solución, no hay para él absolución.

Jugadas de la Vida

“Coronel, vaya a Veracruz y dispare un cañonazo apuntando hacia Europa” -Señor Presidente el cañonazo  no llegará hasta allá- “-Pues así también no me llegan las amenazas de las potencias extranjeras”. Benito Juárez García 2 de octubre de 1862, expulsión de 7 extranjeros.

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