A lo largo de la historia, es una generalidad que los líderes políticos tiendan a reinterpretar episodios para narrar su historia personal, pero en ocasiones la tentación es mayor y se proponen controlar los episodios históricos de una nación para convertirlos en la historia oficial. Lo anterior, muy a propósito de las reacciones que ha generado la solicitud de perdón que el presidente López Obrador formuló al Vaticano y al gobierno español respecto a su proceder durante la etapa de la conquista y el virreinato en México. El Papa de origen latinoamericano remitió una carta en la que pide perdón por los pecados cometidos por la Iglesia Católica, pero en España la reacción no fue la misma.

En el mundo no existe historia objetiva, eso es una coincidencia en todas las culturas, la creencia del origen divino de los líderes políticos y que su destino marcado los ha llevado a gobernar, es una constante. 

Sin lugar a dudas, un movimiento transformador como se propone la 4T, requiere de reescribir algunos pasajes históricos para conceptualizar su papel en el futuro, pero no hay que dejar de mencionar que la lucha democrática a la que todas las corrientes han contribuido, ahora permite accesar a las fuentes primarias de la historia y encontrar que las circunstancias son las que han influido en la toma de decisiones. No hay que descartar que debe haber suerte y oportunidad ante esas circunstancias. 

Un 3 de octubre, pero de 1875, nació en Guadalajara, Gerardo Murillo Cornado, mejor conocido como Doctor Atl. Se dice que la composición de su apodo deviene de las palabras, doctor por haber obtenido el grado en Filosofía y Atl del náhuatl que significa agua, ya que se consideraba sobreviviente de una fuerte tormenta mientras viajaba en un barco a Nueva York. 

De acuerdo al Colegio Nacional, Murillo cursó filosofía y derecho en la Universidad de Roma y asistió en París a las cátedras que Henri Bergson impartía sobre arte. Mostró gran interés en documentar la vida de los volcanes y a su regreso de Europa, se manifestó en la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, ya que, para celebrar el Centenario de la Independencia de México, el gobierno organizó una exposición con artistas españoles. Su inconformidad valió para que el gobierno le otorgara 3 mil pesos y con ellos, organizó una exposición con las jóvenes promesas del arte más destacadas del momento, entre ellas Diego Rivera. Desde pequeño dibujaba paisajes, lo que lo llevó a escalar el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl y en 1943 tuvo la oportunidad de ver nacer el Paricutín, todo ello lo llevó a publicar “Cómo nace y crece un volcán” con información de corte científico y con aportaciones gráficas provenientes de sus dibujos. 

Obtuvo dos distinciones, la Medalla “Belisario Domínguez” y el Premio Nacional de Artes y aunque sus restos están depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores, su nombre no está asociado en fama al de sus alumnos, Diego Rivera,  David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco como promotor del muralismo mexicano, tal vez por la narrativa de su vida, ya que fue becado por Porfirio Díaz para que estudiara pintura en Europa, porque estuvo del lado carrancista durante la revolución, por su propensión al fascismo alemán o simplemente porque creía que podía haber una ciudad de la Cultura a la que llamó Olinka, en la cual convivirían científicos y artistas con autonomía creativa, liberados del capitalismo sin la participación del Estado y que de acuerdo a Cuauhtémoc Medina, autor de Olinka, la Ciudad ideal del Dr. Atl, estaría ubicada idealmente al sur de París, pero no descartó que también pudiera ubicarse en México. 

El Dr. Atl perdió una pierna y ante la imposibilidad de continuar con sus exploraciones a pie, creó el aeropaisaje, concepto que implica que sobrevolando en helicóptero se pueden pintar las montañas que tanto que le apasionaban. 

Se enamoró intensamente de Carmen Mondragón, Nahui Ollin.