México ha estado atrapado estos días en un debate que nos suena preocupantemente familiar. Neoliberales contra nacionalistas. Para el presidente, quien se oponga a su reforma eléctrica es un entreguista y un vendepatria. Los legisladores que se manifiesten en contra, por las razones que sean, son personeros de las empresas eléctricas. Lo dijo en la mañanera: “¿De qué lado se van a poner: de las empresas o del pueblo?”. Y la oposición no “canta mal las rancheras”: bailando al ritmo que toca Andrés Manuel López Obrador. Incapaz de abrir un debate serio sobre alternativas energéticas de cara al futuro. La propuesta de reforma eléctrica es tan descabellada que, poco a poco, vamos entendiendo que el objetivo del presidente no tiene nada que ver con la energía. O, mejor dicho, que el proyecto eléctrico es sólo el anzuelo. López Obrador sabe que rescindir unilateralmente contratos por un valor de 1.8 billones de pesos es imposible. Sabe que cancelarlos supone un golpe durísimo a la credibilidad del país frente a los inversionistas nacionales e internacionales. Que es imposible que México alcance niveles de crecimiento relevantes sin la confianza de los inversores. 

Para dejarlo claro: la reforma eléctrica dejaría como casi una anécdota la cancelación del Aeropuerto Internacional de Texcoco. El presidente sabe que la mera decisión de cancelar los contratos traería consigo una crisis en la relación bilateral con Estados Unidos e incluso trilateral con Canadá, y esto tendría como consecuencia un duro golpe al Tratado de Libre Comercio. AMLO manda una bomba al Congreso, pero pase lo que pase, él ya ganó. En la mira presidencial está destruir la alianza que se formó entre PAN, PRI y PRD en 2021. Y, como lo escribimos en estas mismas páginas (Aritmética variable y el factor PRI), el PRI es el blanco del Presidente. Por muchas razones. Aunque podemos reducirlas a tres: la ideología, la corrupción y la debilidad política. El escenario para el PRI es catastrófico y para nadie sería una sorpresa que, en 2023, el PRI moribundo entregue a Morena su última gubernatura: el Estado de México. Y es que AMLO sabe que, si destruye al PRI, Claudia Sheinbaum tiene una amplísima posibilidad de gobernar en 2024 y con unas condiciones que ni siquiera AMLO tuvo. 

Vamos por partes. Haga lo que haga, el PRI está en camino de sufrir una profunda escisión. Lo vimos esta semana: la bancada en el Senado con una postura, los gobernadores con otra y los diputados entre ambos fuegos. Si el PRI le otorga la mayoría calificada a AMLO, la alianza opositora muere. Y eso supondría una fuga de votantes priistas hacia el PAN. Si, por el contrario, se mantiene cohesionado en torno a la alianza opositora, una parte no despreciable de su electorado que se asume como nacionalista revolucionario correría a los brazos de Morena. Y a eso hay que agregarle la persecución que podrían sufrir sus corruptos líderes. AMLO le plantea al PRI un referéndum –Cárdenas o Salinas– y es imposible que salga inerme. 

Hoy se deja querer, pero el PRI sabe que no tiene opción de ganar la batalla. De la misma forma, el Presidente presiona al PRI porque busca ampliar la intención de voto de su partido. Revise los resultados electorales, el voto de Morena se encuentra estancado entre el 34 y el 39% (y eso que el presidente tiene 60% de aprobación). El presidente tiene mayoría absoluta por su satélite petista y por su alianza con el partido más corrupto de México, el Verde. Morena sólo tiene una ruta de crecimiento: quitarle al PRI ese segmento electoral que sigue siendo marcadamente nacionalista-revolucionario. El resto de los nichos electorales ya son votantes que no quieren ver a Morena ni en pintura. 

 Y la segunda jugada de AMLO es la destrucción de la oposición. Si en 2024, el escenario es: una candidata de Morena –con el apoyo del PT y el PVEM–; un candidato del PAN/PRD; un candidato del PRI, y un candidato de MC, no hay mucho que debatir: Morena se haría con la presidencia incluso con un techo de voto que se encuentre en los treinta. 

Tampoco creo que la imagen internacional de México se vaya a ver vulnerada. En noviembre seremos testigos negociaciones intensas. La propuesta del presidente es profundamente maximalista. Va por todo. Es de primer año de negociación política: busca todo para que te quedes con la mitad. Los mercados ya intuyen que muchas veces el Presidente se viste de blofero. No dudemos que, en algunas semanas, el propio López Obrador tenga un ataque de estadista y corrija algunos elementos que causan ruido en la iniciativa: la cancelación de contratos o incluso la desaparición de los reguladores. Hábil jugada: fortaleces a tu base más dura de simpatizantes mientras apareces como estadista al frenar las ambiciones desmedidas de sus legisladores. 

El problema no es el cálculo político de AMLO. No tengo la menor duda que le está saliendo. El problema es la mezquindad para tratar un desafío fundamental para el futuro del país. Una reforma eléctrica debería responder a una pregunta básica: ¿Qué México queremos? ¿Queremos seguir con el modelo obsoleto de energías fósiles o nos atreveremos a implementar un plan de transición energética serio y ambicioso? ¿Cómo hacemos que la energía sea una palanca para el desarrollo y la competitividad nacionales? ¿Cómo tenemos mejores reguladores? ¿Cómo atendemos la demanda de familias en pobreza? ¿Cómo somos más eficientes y a la vez incrementamos nuestros márgenes de seguridad energética? Es frustrante que tantas décadas después, el nivel del debate en México sobre energías sigue siendo el que plasmaron Rolando Cordero y Carlos Tello en “la disputa por la nación” que es un gran texto, pero se publicó en 1981. Las voces inteligentes del PRI deberàn sortear esta treta que les pretende AMLO jugar un jaque mate, también a la oposición que sólo compartía candidaturas, pero nunca fueron capaces de construir una alianza programática. Ergo, la Reforma es un dulce envenenado.

Jugadas de la Vida

Al Maestro Silvestre Revueltas, se le acercó una chica y le pidió prestado un dinero porque su mamacita acababa de morir y no tenía un cinco para enterrarla a lo que Revueltas respondió: “Lo lamento mucho, pero ésta no es una institución de caridad, con trabajos hay dinero pagarles a los maestros, la chica se retiró llorando. El maestro le llamó con el clásico pss, pss, venga por favor. El conservatorio no tiene dinero, pero yo sí. Tómelo y le extendió el sobre.

Twitter: @ldojuanmanuel