Por el Dr. Arturo David Vásquez Urdiales

Ante la envestida diaria de comunismo trasnochado al que está expuesto en exceso el pueblo de México todos los días, encontramos un pandemónium de desinformación y, sobre todo, de a-información, manipulación, mentiras y chantaje.

Pero el “comunismo” de la Cuarta Transformación no tiene que ver con el “comunismo” académico o histórico. Cuba y Venezuela no son referentes filosóficos, la Unión Soviética intervino claramente en América Latina durante la Guerra fría y en efecto, mexicanos y latinoamericanos recibieron formación y capacitación ideológica y práctica para la guerra revolucionaria, a costa de miles de vidas cegadas precisamente por ese adoctrinamiento ilógico, cimiento hoy de muchas desgracias nacionales. Ahí están los repertorios completos en el archivo general de la Nación que nos dan las respuestas, no nos asustemos de la historia lisa y llana, ya que la historia no es ideología, sino el contar del paso del tiempo, pero sin jiribilla. 

De esos hombres, algunos incluso merecen nuestro respeto por su honradez ideológica. Podría poner varios ejemplos de hombres honestos, ya que la honestidad no es un atributo de una corriente económica, está en el contexto de la deontología humana. Eres moralmente correcto hasta, incluso, en el interior de un “gulag” o en Bolsa de Valores. Ese es el criminal error del régimen, ver a la deshonestidad por colores, etnias, grados académicos, estratos sociales, lavado de dinero o dispersión de recursos. Eres rata porque no tienes ética, por ladrón, así seas afiche de la 4t o monje benedictino, científico o líder de partido político populista, o ya de resbalón estudiante de/en la Unam. O simple metiche, gratuito opinador y víctima de las “benditas redes sociales” 

Lamento que estas palabras no satisfagan a muchos trasnochados pero ignorantes seguidores de la nada. 

Héctor Galeano, que tampoco es referente de honestidad ideológica, publicó recientemente una historia dibujada pero ciertamente hermosa, centrada en el periodo histórico de la Revolución Republicana y en el País Vasco, relativa a una bomba enviada por los Franquistas contra los Republicanos: el Avión de la muerte la envió y fue a caer en el centro del pequeño pueblo Vasco. No explotó.

Allí permaneció años durante el gobierno de Franco como un símbolo aleccionador. Representaba la muerte, el poder del régimen y el castigo a quien se revelara, (¿le parece conocido el simbolismo con el México de hoy, una estatua real y directa lista a explotar como símbolo aleccionador de castigo inmediato a quien se revele?).

Sigue Galeano con su historia, la República y el País Vasco. Resulta que Julen, un personaje del cuento, se armó de valor, hartado de que esa gigantesca bomba arruinara el paisaje, tomo herramientas y se dispuso a desactivar la bomba para poder quitar el obús de ahí. Nadie lo ayudó de primera, empero después el pueblo completo estaba en la plaza, ayudando en lo que pudiera. 

Horas después, había logrado quitar la ojiva y en las entrañas de la bomba encontró un papel con una leyenda que claramente no estaba ni en vasco, ni en español ni en inglés. Aparentemente era alemán. 

En el pueblo, había una sola persona que podía llegar a descifrar la escritura: Mirentxu, fue solicitada y tomó el papel. Con dificultad lo tradujo al vasco: “Saludos. De un obrero alemán que no mata trabajadores”, decía el lejano recado, una especie de metáfora con los mensajes que los náufragos lanzan en las botellas de cristal que avientan al mar. Un regalo de un obrero alemán que, en medio de la dictadura nazi, se jugó la piel, y dejó claro que ni el miedo, ni el régimen lo iban a hacer matar trabajadores. 

Esas son las personas honestas a las que he de referirme, no en la honestidad de la foca que aplaude por un pedazo de sardina con gorgojo. 

Galeano se la jaló por que se avienta la historia y no nos cita las fuentes, por eso digo que es deshonesto y esa es una especie de plagio, pero pues aquí están:

“Alguien tradujo la tira de papel que se había encontrado en el hueco entre la espoleta y el corazón de la bomba. Decía en alemán: ‘Camaradas: no temáis. Los obuses que yo cargo no explotan -Un trabajador alemán'”.

Éste es un párrafo perdido dentro del libro del escritor español Arturo Barea (Badajoz, 1897-Londres, 1957), autor de La forja de un rebelde, una de las novelas que describe con mayor precisión cómo se desarrolló la vida en Madrid durante la Guerra Civil. Los sabotajes de armamento con mensajes de ánimo a las filas republicanas en el interior aparecen también descritos en obras como El asedio de Madrid (1938), de Eduardo Zamacois; Gavroche en el parapeto (1937), de Elías Palma y Antonio Otero, o en periódicos de la época como El Socialista o Milicia Popular” (*ABC de España, edición del 12 de diciembre de 2010, Alfonso López García, “Las bombas que no mataron”)

Al respecto, no podemos mas que abrir los ojos de plato y admirarnos de la valentía y honestidad del obrero alemán que manipuló esas y más bombas para que no explotaran, tanto en los bastos campos de desolación y muerte de la guerra civil, como por ejemplo en los frentes de áfrica o Inglaterra. Y esa actitud valiente y soberana es a la que nos referimos. ¿Cuántos obreros honestos, como el Alemán de las bombas de la revolución civil española habrá en las entrañas del actual monstruo que hoy destruye y se traga a México?

Hay muchas bombas que desactivar: en la edad media, Torquemada ordenó quemar primero libros y luego hombres, los nazis empezaron quemando libros y terminaron quemando hombres. El fin es el mismo, el mecanismo actual son las redes sociales, hoy se queman a los hombres desde el ara sagrada del pulpito mañanero, instituciones, universidades, niños con cáncer, y la orden es demoledora: prisión preventiva oficiosa para aquel que disienta. Nomás que aquí faltó quemar primero libros, se dio por hecho el proceso de ignorancia del enemigo, en el efecto de espejo que reza que, si yo soy genio mi enemigo también, pero pues nomas que fue al revés.  

Posdata. Por expresar mis ideas, el régimen local me mandó matar hace tiempo. Por disentir me mandó a auditar y congelar cuentas. Es difícil seguir el camino de la opinión recta. Hoy la Fiscalía General del Estado me niega la posibilidad de medidas de seguridad. Creo también que uno de los mas claros enemigos de la humanidad es la ignorancia, otro el miedo, y la combinación de ambos, el sistema.