La informalidad laboral en México se consolida como uno de los grandes problemas de nuestro país, si no es que el principal hacia el futuro.

Sus elevados niveles son ya muy preocupantes, y no sólo es un problema de las grandes ciudades, existen entidades en las que, literalmente, lo inusual es ser un trabajador perteneciente a la economía formal.

En esos estados, los niveles de informalidad son insostenibles si quieren ser viables, ninguna economía que quiera serlo puede vivir en una gran proporción de la informalidad porque son muchas las implicaciones presentes pero, sobre todo, futuras.

Más de la mitad del mercado laboral es informal

Primero vayamos con los datos nacionales. Efectivamente, la informalidad es uno de los grandes males de la economía mexicana. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de informalidad en México es de 56.3 por ciento. En otras palabras, eso quiere decir que poco más de la mitad de los trabajadores en México se ubican dentro del sector informal de la economía. Laboralmente hablamos de que al menos la mitad de la población que trabaja lo hace sin las condiciones adecuadas, por desempeñarse en el sector en el que estas son muy limitadas, como es el sector informal.

La informalidad se consolida así como lo que ha sido en realidad desde hace muchos años: la gran válvula de escape para las presiones laborales. El hecho de que 56 por ciento de los trabajadores del país laboren en condiciones de informalidad refleja en toda su magnitud el hecho de que, si no fuera por esto, las presiones sociales y económicas habrían estallado desde hace mucho. La informalidad no debería existir, pero lamentablemente ha sido incluso favorable para la economía mexicana porque, de otro modo, las condiciones macroeconómicas serían un desastre total, con 56 de cada 100 personas en edad de trabajar sin una ocupación.

No obstante, hay entidades en las que su viabilidad económica de largo plazo será insostenible si mantienen las tasas de informalidad que hoy están vigentes, a menos que se mantengan como grandes expulsoras de mano de obra para el extranjero y para algunas otras entidades nacionales, como lo han sido por décadas.

Informalidad en algunos estados, insostenible

De acuerdo con las cifras del INEGI, el estado de Oaxaca es el “campeón” de la informalidad; en esa entidad la tasa es de 80.7 por ciento; es decir, 8 de cada 10 personas, o bien 80 de cada 100, laboran en el sector informal.

En Oaxaca lo usual no es ser un trabajador formal, eso es casi una excepción. Muy posiblemente se pueda rebatir que sucede por ser un estado poco urbanizado, y es correcto. Sin embargo, no deja de ser relevante ni riesgoso, del campo o de la ciudad, el hecho de que un altísimo porcentaje de los trabajadores en ese estado no tienen una liga con el sector formal de la economía en el área laboral, sin prestaciones, sin ahorro para el retiro, sin pago de impuestos federales o locales, una situación que debe ser insostenible en el largo plazo.

Atrás de Oaxaca se encuentran otras entidades como Puebla, con el 71.4 por ciento de informalidad, Veracruz con 71.5 por ciento, Tlaxcala con 71.8 por ciento, y Chiapas con 78 por ciento junto con Guerrero que tiene una tasa de 78.2 por ciento de informalidad.

Tabasco tiene una tasa de informalidad inferior pero no menos preocupante, con 62.4 por ciento, mientras que Quintana Roo registra una tasa de 46,5 por ciento, por debajo de la media nacional de 56.3 por ciento. Mencionamos estos dos estados porque son donde se llevan a cabo las construcciones de dos de las obras magnas de la presente administración: La Refinería y el Tren Maya, uno de estos estados tiene una tasa de informalidad manejable, pero la otra tiene mucho por hacer.

Es notorio que las más altas tasas de informalidad se registran en la parte sur del país, lo que contribuye a la vieja pero cierta teoría de que México está partido en dos: la parte sur con un notable atraso en prácticamente todos los sentidos, y la parte norte, más desarrollada.

Es en el norte precisamente, en Coahuila, donde se registra la tasa más baja de informalidad con 36 por ciento; en cuanto a los grandes centros poblacionales, la Ciudad de México tiene una tasa de informalidad de 49.3 por ciento, mientras que el Estado de México registra 57 por ciento, arriba de la media nacional, Nuevo León 37.1 por ciento, Jalisco 47 por ciento y Querétaro 43.8 por ciento.

En total, 14 entidades reportan una tasa de informalidad inferior a la media nacional, el resto está en línea, arriba o muy arriba como es el caso de Oaxaca. La informalidad es el signo de nuestros días, una prueba de todo lo que necesita avanzar México en materia de generación de empleos y crecimiento económico. A juzgar por el tamaño del reto, todo indica que será una tarea generacional.

Fuente: Alto nivel