LA X EN LA FRENTE

El 5 de abril celebramos el centenario de nuestra Costitución Política local y el 21 de noviembre conmemoramos el centenario de la muerte de Ricardo Flores Magón.

Los siglos son la medida de la memoria histórica. Las naciones miden su longevidad en siglos.

Hablar de 100 años de nuestra Constitución es hablar de nuestro primer siglo de vida política como estado.

En más de un sentido, el próximo 5 de abril Oaxaca cumplirá a 100 años de vida institucional.

Fue Ferdinand Lasalle quien desde 1862 encontró la esencia de las Constituciones del mundo en los “factores reales de poder”.

Y son estos factores los que hacen a Oaxaca un caso extraordinario entre los estados del país.

El arreglo entre esos factores han hecho que la nuestra sea siempre una Constitución de vanguardia no sólo en su parte dogmática, sino en la orgánica.

Aquí, desde hace mucho tiempo, hemos venido ampliando el catálogo de Derechos Humanos de los que consagra la Constitución federal.

Y hemos ido “experimentando” desde el texto constitucional con nuestra forma de organización política desde los poderes públicos.

No todo ha sido copiar y pegar, convirtiendo en ocurrencias locales disposiciones de otros estados u otros países.

Hay ideas fundamentales que tienen nuestro sello propio y que han emanado de la fuente real del derecho.

Un ejemplo paradigmático son los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y recientemente del pueblo afrodescendiente, y los medios de control constitucional local previstos en el apartado B de nuestro artículo 106 constitucional.

Y es que Oaxaca tiene vena jurídica y constitucionalista.

A Ricardo Flores Magón (no a Zapata, no a Villa, no a Carranza, mucho menos a Madero) le debemos la primera Constitución Social del mundo.

Si nuestra Constitución de 1917 se distinguió en el mundo, fue por la tutela y garantía de los derechos sociales a la educación, la tierra y el trabajo.

Y su fuente escrita fueron los textos de Ricardo como el cerebro del Partido Liberal Mexicano.

Si los Sentimientos de la Nación inspiraron la primera de nuestras constituciones, el Manifiesto del Partido Liberal Mexicano fue fuente doctrinaria de la Constitución que actualmente nos rige.

Cipriano Ricardo fue paradójicamente el anarquista que construyó la parte más importante de aquella Constitución.

Pasada la pandemia, dentro de esa gran reforma curricular que nuestros planes de estudios de la Licenciatura en Derecho necesitan, merece la pena incluir una asignatura que mire hacia el constitucionalismo local.

A lo largo del año se esperan una serie de festejos y conmemoraciones cuyo fin primordial deberá ser, más allá del artificio, poner en el centro del diálogo público y privado a la Constitución y al derecho como “el mejor instrumento para la convivencia humana”.