Parte de Novedades
Héctor Torres Maubert




A medida que se intensificaban los bombardeos en el este de Ucrania, una gira de prensa aparentemente rutinaria se convirtió en una frenética carrera hacia un lugar seguro.
“Tengan calma”, dijo Denis, el conductor de 28 años, después de que varios proyectiles de mortero cayeran en la carretera detrás de nosotros. Mientras buscábamos refugio dentro del cuartel general del ejército de Ucrania, otra media docena de proyectiles de mortero explotó a nuestro alrededor.
Habíamos estado en una gira de prensa organizada apresuradamente a una instalación de reparación de tractores que había sido alcanzada por fuego de mortero solo unas horas antes. Un comandante ucraniano señaló dos agujeros abiertos dejados por las explosiones, que dijo que habían herido a un soldado de 27 años. Así lo narraron un grupo de enviados especiales de diferentes medios internacionales que cubren el conflicto desde el frente.
“El olor a guerra es muy fuerte”, dijo en una entrevista Vladimir Pozner quien fuera editor de propaganda soviética en inglés en 1962 en Moscú, un trabajo que le dio un acceso excepcional a periódicos y revistas estadounidenses. Eso le permitió seguir la crisis de los misiles cubanos fuera del filtro de los medios soviéticos y sentir un mundo al borde de la guerra.
Pozner, periodista de la televisión rusa desde hace mucho tiempo, dice que ahora siente algo similar.
El día en el que se intensificaron los bombardeos por parte de los rusos en la línea del frente en el este de Ucrania. “Si hablamos de la relación entre Rusia y Occidente, y en particular, Estados Unidos, siento que es tan mala como lo fue en cualquier momento de la Guerra Fría, y quizás, en cierto sentido, incluso peor”. Dice el experimentado comunicólogo.
Si invade Ucrania, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, estaría iniciando una nueva disputa global con Occidente. Debería pensar en cómo terminó la última confrontación, dicen los analistas de diferentes países que conforman la OTAN.
A diferencia de la crisis de 1962, lo que ahora se cierne sobre Europa no es la amenaza de una guerra nuclear, sino la de una gran guerra terrestre miles de hombres, máquinas de guerra y armas con tecnología se enfrentarían. Pero la sensación de que Rusia y Estados Unidos están entrando en una nueva versión de la Guerra Fría, planteada durante mucho tiempo por algunos analistas a ambos lados del Atlántico, se ha vuelto ineludible.
El presidente Biden lo insinuó y prometió que, si Rusia invadía Ucrania, “reuniremos al mundo para oponerse a su agresión”. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, incrementó las tensiones la semana pasada y al inicio de esta, cuando supervisó un lanzamiento de prueba de misiles hipersónicos con capacidad nuclear que pueden evadir las defensas estadounidenses y por el despliegue de tropas rusas y el reconocimiento por parte de Moscú de la independencia de las dos regiones separatistas de Ucrania hace temer una escalada de una guerra que ha durado ya ocho años y que ha causado 14.000 muertes.
Por ahora, nadie sabe cómo saldrá el mundo de la crisis: si Putin está poniendo en escena un engaño elaborado y costoso o si realmente está a punto de lanzar la mayor ofensiva militar en Europa desde 1945. Pero parece claro que el objetivo principal de Putin es reconsiderar el resultado de la Guerra Fría original, incluso si es a costa de profundizar una nueva.
Putin busca desmantelar el orden de seguridad europeo que se estableció después del colapso de la Unión Soviética en 1991, cuando su país era débil y vulnerable, y recrear el tipo de zona geopolítica de control que los gobernantes rusos han sentido que necesitaban a lo largo de los siglos. Ha dado señales de que está preparado para lograrlo por medios diplomáticos, pero también mediante el uso de la fuerza.
La guerra parece un escenario cada vez más probable. Joe Biden ha afirmado ante la prensa que está “convencido” de que el líder ruso, Vladímir Putin, “ha tomado la decisión” de invadir Ucrania incluyendo la capital, Kiev en los próximos días, todo un redoble de tambores después de días en los que Washington ha estado alertando de la probabilidad del ataque, aunque sin darlo por seguro.
Esto se elevó el nivel de alerta tras una noche de tensos combates y preocupantes intercambios de artillería en el este del país entre los separatistas prorrusos y el Ejército ucranio, cuyas escaramuzas siguen. Biden citó la información de inteligencia recabada para explicar la conclusión a la que ha llegado y para denunciar la creciente “desinformación” difundida entre la población rusa sobre un supuesto “plan de Ucrania para atacar la región de Donbás”.
Esta acusación, que Occidente tacha de falsa, serviría de pretexto al Kremlin para justificar la agresión a Ucrania. Biden recalcó que “sencillamente no hay pruebas” de dichas afirmaciones y consideró absurdo que el Gobierno ucranio “escoja este momento, con mas de 150.000 soldados rusos en la frontera, para escalar un conflicto que lleva un año”, en referencia a la tensión con los separatistas de Donetsk y Lugansk, los cuales el Kremlin apoya su independencia (en la citada región del Donbás). Sus líderes han llamado a la población civil a marcharse a Rusia, alimentando la idea de una agresión inminente. Los aliados occidentales llevan semanas advirtiendo de que Moscú planeaba un “falso ataque” para conseguir un pretexto que justifique su invasión de la antigua república soviética. El Ejército ucranio, en cambio, ha mostrado un gran sentido común en estos tensos momentos, y contención.
Entre tanto, Washington no hace sino aumentar sus cálculos sobre las tropas desplegadas por Moscú en su frontera con Ucrania, en Bielorrusia y en la Crimea ocupada entre 169.000 y 190.000 el número de esos soldados. Estamos ante la movilización militar más importante en Europa desde la Segunda Guerra Mundial cundo los rusos movieron a miles de soldados para defenderse del ejército alemán.
Estados Unidos ve el problema con preocupación; habla de represalias contra Rusia que no sabemos cuáles son, y que por lo pronto no podrían ser militares; pero el conflicto es muy serio y hay que seguirlo hora por hora porque puede salirse de cauce.
No habíamos vivido una tensión similar durante mucho tiempo, después de lo que fue la crisis de los misiles en 1962. Es una situación complicada y que está fluyendo; es una crisis por la cual hay que preocuparse y estar atentos. Por qué el olor a guerra es muy fuerte.