Parte de Novedades

Estamos condenados por naturaleza a luchar entre nosotros.

Ucrania amaneció la semana pasada bombardeada e invadida por una de las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo. Rusia dispone de unos 900.000 efectivos militares, el mayor arsenal nuclear del mundo junto al de Estados Unidos, el quinto mayor gasto en Defensa a escala global en 2021 y una considerable experiencia de combate acumulada en múltiples operaciones a lo largo de las últimas dos décadas. Las fuerzas ucranias que se oponen a ese Goliat cuentan con un presupuesto anual que no llega a la décima parte del ruso, sufren una situación de inferioridad en todos los dominios —terrestre, aéreo, naval y cibernético— y una experiencia de combate limitada a escenarios diferentes del actual.

Vladímir Putin ha impulsado con determinación la modernización de las fuerzas armadas rusas durante sus dos décadas de liderazgo. Tras el colapso de los noventa, con una falta de fondos que perjudicó a todo el espectro militar con la relativa excepción del arsenal nuclear, en lo que va de siglo el progreso ha sido considerable, especialmente desde 2008. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que se ha cumplido el objetivo del plan 2011-2020 de tener un 70% del armamento y equipamiento con tecnología moderna. También se ha avanzado en la profesionalización de los efectivos, con una mayor cuota de contratados y menor de conscriptos (un 30%). Y comentar que la gran mayoría de sus generales actuales fueron oficiales en la guerra con Afganistán y saben de todos los errores que tuvo su ejército en ese periodo de casi 15 años de lucha antes de retirarse y perder una guerra con fuerzas completamente inferiores y apoyados por el Pentágono y la CIA.

“Después de la guerra de Georgia, Rusia entendió que era necesaria una compleja modernización”, comenta Pavel Luzin, experto en Defensa de Rusia. “Ganó esa guerra, pero el coste fue relativamente alto; hubo pérdidas, problemas con el sistema de comando y control sistemas de reconocimiento y navegación. Las campañas en Ucrania en 2014 y en Siria pusieron a prueba esa modernización y dieron nuevas pistas. Ahora las fuerzas armadas rusas están mucho mejor que antes, resolvieron los principales problemas en armas convencionales, aunque siguen teniendo problemas con sistemas de control y mando avanzados, armas de alta precisión, y de motivación y pensamiento independiente entre los oficiales”.

Ucrania, por su parte, también ha procedido a una consistente modernización de sus fuerzas desde la agresión sufrida en 2014. Ha recibido entrenamiento por los boinas verdes de los E.U y por las fuerzas especiales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y apoyo de países occidentales, incluido armamento, aunque no de gran calado, como misiles antitanque Javelin de fabricación americana capaces de destruir tanques y carros blindados. También ha adquirido drones armados turcos que se demostraron muy eficaces en el último conflicto en el Nagorno Karabaj. Kiev cuenta con una fuerte voluntad de luchar de sus soldados y con lo que parece ser un sentimiento de disposición a la resistencia en buena parte de la población, lo que podría revelarse en el futuro un factor muy importante.

Se trata, sin duda, de una lucha profundamente desigual, pero ello no significa que la ofensiva militar rusa vaya a ser una operación fácil, como están demostrando las primeras jornadas. A continuación, algunos de los elementos clave de la contienda bélica.

La ofensiva misilística

Como era previsible, las fuerzas rusas han empezado su ataque con una salva de misiles lanzados contra infraestructura militar ucrania para degradar su capacidad operativa. El Pentágono calcula que en el primer día de ofensiva Moscú disparó un centenar de misiles balísticos de alcance corto e intermedio y de crucero desde plataformas terrestres, navales y aéreas. El segundo día el patrón se repitió, según el recuento publicado por The Washington Post, elevando a 200 el total, y el balance superó este fin de semana los 250, siendo la mayoría balísticos de corto alcance.

La mejora tecnológica del arsenal misilístico ha sido una de los grandes ejes del proyecto de modernización de las fuerzas armadas que Putin ha perseguido a lo largo de su mandato con ingentes inversiones. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que en los últimos seis años el porcentaje de misiles estratégicos, de largo alcance, con nueva tecnología ha crecido del 40% al 83%. También ha habido mejora en el corto alcance con la progresiva sustitución del modelo Tochka-U con los Iskander-M. Aun así, algunos expertos creen que en corto y medio alcance el porcentaje del arsenal con alta precisión es limitado, y eso explicaría en parte que la intensidad de la salva inicial haya sido inferior a la que muchos esperaban. “Parece que ya en los primeros compases de la guerra, Rusia ha usado gran parte de sus misiles de alta precisión”, comenta Luzin.

Es de temer que, si no avanza adecuadamente en sus objetivos, Rusia pueda decidir abandonar su relativa contención e incrementar la potencia de fuego misilística o de artillería disparando con menores cautelas.

El asalto terrestre

Las fuerzas rusas han penetrado el territorio ucranio en varios ejes desde el norte, el este y el sur, con la conquista de Kiev como objetivo principal y otra ofensiva de relieve contra la segunda ciudad del país, Járkov. Se trata de un intento de guerra relámpago( comúnmente conocida por su nombre alemán Blitzkrieg, es el nombre que recibe una táctica militar que tiene como fin el desarrollo de una campaña rápida y contundente que culmina con una clara victoria, evitando una guerra total y de desgaste) que va directo al corazón de los adversarios, como las fuerzas estadounidenses en la invasión de Irak, en vez de consolidar la paulatina conquista de territorio. En el intento, han logrado avanzar con cierta rapidez, pero no han afirmado control sobre grandes urbes. Un informe de inteligencia publicado por el Reino Unido ayer apuntaba a que la avanzada se ha ralentizado, debido a “intensa resistencia ucrania y problemas logísticos”. Estados Unidos estima que habían entrado ayer en territorio de Ucrania algo más de la mitad de los 150.000/190.000 soldados amasados en la frontera, según cálculos occidentales. El viernes la estimación era de un 30%.

En la dimensión terrestre, por su parte, las autoridades ucranias han empezado a alentar a la resistencia civil que es componente importante en tantos escenarios de invasión. Han invitado a la ciudadanía a preparar cócteles molotov, han entregado metralletas y el presidente Zelenski anunció el sábado que entregarán armas a quienes quieran ir a luchar por Ucrania, abriendo la perspectiva a la conformación de brigadas internacionales. La guerra urbana es notoriamente muy compleja, especialmente difícil para el atacante, máxime si no está dispuesto a una masacre indiscriminada, que además del monstruoso costo en vidas de civiles acarrea el odio internacional del perpetrador.

De momento, Ucrania sostiene haber matado a unos 3.500 soldados rusos, hecho prisioneros a otros 200, destruido a unos 100 tanques y unos 500 vehículos blindados. Rusia niega cualquier baja y afirma haber golpeado unos 800 objetivos ucranios en el conjunto de la ofensiva. Las cifras reales casi no se san con exactitud ya que cada involucrado niega sus bajas.

El control aéreo

El Pentágono señaló el viernes que, si bien degradada, Ucrania seguía manteniendo capacidad aérea, tanto en términos de defensas antiaéreas como de confrontación en los cielos, los pilotos de combate ucranianos habían derribado varios aviones rusos. Reino Unido también apuntó ayer que Rusia todavía no tiene el control del espacio aéreo, que es obviamente un aspecto crucial. Rusia sostiene haber golpeado e inutilizado siete aviones militares, siete helicópteros, 14 drones, 14 aeropuertos militares, 24 sistemas de defensa aérea S-3000 y Osa y 48 estaciones radar. Ucrania alega haber destruido 14 aviones, incluido un Ilyushin-76 de transporte cargado de soldados y ocho helicópteros.

En este sector, Rusia dispone de una ventaja cuantitativa y cualitativa sin duda considerable. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres apunta que en este sector no se han cumplido muchos de los objetivos de modernización, pero que la paulatina sustitución de los Su-27 con los Su-35 ha mejorado las capacidades.

El dominio naval

El desajuste de fuerzas en este sector es enorme. Las fuerzas navales rusas están muy detrás del poderío estadounidense y pronto se quedarán muy rezagadas ante el enorme esfuerzo de China, pero la superioridad ante Ucrania es absoluta. Kiev denunció ayer que Moscú ha cerrado de facto la navegación en el Mar Negro noroccidental, y también que disparó a dos buques comerciales. La OTAN no dispone de buques en esa zona, y Rusia por tanto aprovecha su superioridad tanto para respaldar la ofensiva militar como para acometer una asfixia económico-comercial a Ucrania.

La ciberguerra

Muchos expertos consideraban que en las fases iniciales de la invasión se habría producido un gran ciberataque para dificultar la defensa, provocar el pánico. Esto no ha ocurrido, aunque sí se detecta una caída en el índice de conexión a Internet, que se sitúa en el 87% del nivel habitual, por disrupciones en el servicio, aunque también por alteraciones de las costumbres debidas al conflicto, según datos del observatorio NetBlocks citados por la agencia Reuters.

Rusia es una potencia especialmente agresiva en el dominio ciber, ha golpeado repetidamente objetivos ucranios en el pasado, y no puede descartar que en cualquier momento decida activar con intensidad esta palanca.

Armas nucleares

Rusia dispone, junto a Estados Unidos, del mayor arsenal nuclear del mundo, herencia del desarrollo armamentístico de la URSS. Parte de ese arsenal estaba precisamente situado en Ucrania, que renunció a ello después de su independencia, devolviéndolo a Rusia a cambio de compromisos sobre su seguridad e integridad territorial flagrantemente violados por Moscú.

Ayuda occidental

Los países occidentales están incrementando su ayuda a Ucrania. Washington ha anunciado otros 350 millones de ayuda, que incluirán más misiles antitaque Javelin. Los Países Bajos enviarán unos 200 misiles tierra-aire Stinger; Bélgica, 2.000 ametralladoras; y Alemania, en un notable cambio con respecto a su posición anterior, ha autorizado la entrega de Países Bajos a Ucrania de 400 lanzagranadas de fabricación alemana por ver si este armamento llegará a tiempo para la defensa de las fuerzas regulares. Lo que sí parece cada vez más probable es que, incluso si venciera rápidamente la contienda principal, Rusia afronta la oscura perspectiva de una prolongada e irreductible guerra de guerrillas aún ya teniendo ya la invasión casi consumada.