Juan Manuel López García.

Para entender la pobreza franciscana mencionada por Manuel Andrés López Obrador como medida suprema para el ahorro en los dos años que le restan de administración, es necesario retroceder al siglo XIII y saber de San Francisco de Asís, quien la adoptó entonces cuya Congregación pugnó por la distribución de la riqueza los pobres, más no desaparecer a los ricos, Él manipula adoptar el estilo de vida de San Francisco de Asís, quien en términos extremos dijo: “Necesito poco, y lo poco que necesito lo necesito poco”, en un llamado a escuchar el clamor de los oprimidos, en favor de los pobres. Lo que no reduce los gastos del personal del palacio cuya nómina y gastos de mantenimiento son cifra millonaria mensual. 

López Obrador anuncia que el gobierno federal va a pasar de la fase de austeridad republicana a una “fase superior”, que es la de la “pobreza franciscana” implementando medidas de austeridad adicionales, casi no habrá viajes al extranjero, toda la comunicación se hará por teléfono o por videoconferencias, van a reducir viáticos aún más y otras medidas, e informa al pueblo que desde que están en el poder no se ha comprado un solo vehículo nuevo para funcionarios públicos, entonces esas flamantes camionetas blindadas en las que recientemente se traslada ¿serán prestadas? La segunda duda que nos inquieta es si ¿dentro de ese severo recorte presupuestal anunciado, reducirá sus frecuentes viajes a Nayarit y ahora todo lo relativo a esa entidad lo atenderá por video conferencia? Si en la etapa de austeridad republicana México no contaba con medicamentos para la mayoría de la población, ahora imaginemos en plena etapa de pobreza franciscana, en especial los medicamentos para los niños con cáncer, o los necesarios para surtir los medicamentos recetados en el Seguro Social.

 Una cosa era austeridad y nos llevaron al austericidio, originando que el nivel de actividad económica siga estando por abajo del nivel prepandémico, y curiosamente a las familias pobres les llegan menos apoyos sociales que hace cuatro años. ¿Qué pasa con el dinero? Ya se acabaron lo recaudado por los impuestos, decían tener grandes ahorros, acabaron con los saldos multimillonarios existentes en los fideicomisos del gobierno federal. Mientras nos asustan con esto, anuncian que se destinaran otros 22 mil 500 millones de pesos a la refinería de Dos Bocas que supuestamente serán para pagar el Impuesto al Valor Agregado de los contratos de la construcción de la refinería, porque, pequeño detalle, eso no estaba presupuestado, (¿a quién se le olvida un impacto del 16% en tus costos) y que el Tren Maya costara 20 mil millones de dólares más, esto es, más de tres veces el costo original anunciado, el inservible AIFA que costó un 54.6% más de lo presupuestado, (más el costo de cancelar el NAIM, pero al Ejército le aumenta estratosféricamente su presupuesto. Y ahora van por incautar otros fideicomisos amparo de dicha “austeridat”.

Las finanzas públicas están tronadas, ya no hay dinero para los proyectos faraónicos del presidente ni para repartir dinero en programas sociales, pero sin que podamos conocer en que se han gastado miles de millones de pesos con los que contaba el gobierno federal. Enfrentamos dos problemas, despilfarro del dinero público y la opacidad total en la aplicación del gasto, ya que la palabra “transparencia” no existe en este sexenio. La noche en que se hace ese anuncio se convoca a Palacio Nacional a la crema y nata de los empresarios, muchos de ellos ya convertidos en caquistas gracias a los contratos generosos con la CuatroTé, y les piden, multimillonarias aportaciones voluntarias (sic), vía compra de boletos de la Lotería Nacional, cuya compra, por cierto, no es deducible de impuestos, con la excusa de participar en una rifa de lotes turísticos de un predio decomisado al ex gobernador Antonio Toledo Corro, y con ese recurso construir una presa en Sinaloa. Para eso están los impuestos y satisfacer proyectos. Nunca anteriores gobiernos rifaron algo para construir enormes obras, como universidades, estadios, hospitales, escuelas, en fin. Que bajeza de este diseño populachero y además ilegal e inmoral. Las fotos dejan ver las caras de muchos empresarios nada contentos en la extorsión acompañada de tamales de chipilín. Los vacunaron nuevamente. 

Debemos de entender que la Lotería Nacional es un sorteo que se rige por su propia ley, cuyos ingresos por la venta de billetes, luego de pagar premios y gastos, se destinan UNICAMENTE A LA ASISTENCIA SOCIAL, de ahí su nombre. La construcción de una presa no es una obra de asistencia social. Cuya ley define a quienes va dirigida, considerando como sujetos de esta ley a las personas que enumera por su situación de vulnerabilidad, a fin de ayudarlos a alcanzar el bienestar integral individual plasmadas en su artículo 3º. que es el conjunto de acciones en estado de necesidad, indefensión, desventaja física, mental y social, hasta lograr su incorporación a una vida plena y productiva. La asistencia comprende acciones de promoción, previsión, prevención, protección y rehabilitación. El artículo 2º. Indica el objeto del organismo de la Lotería Nacional, para celebración de sorteos con premios en efectivo. Así mismo el artículo 10º. Indica que se llevará a cabo la venta al público de los billetes que emita, directamente o a través de expendedores de carácter fijo o de vendedores ambulantes de billetes con los que con trate la realización de las citadas actividades. Si el presidente vende boletos cuyo premio es un inmueble, se trata de una rifa, no un sorteo, que no es objeto de la LoteNAL. El exigir a los empresarios una contribución adicional aparte del pago de sus impuestos, comete el delito de CONCUSIÓN. Merced a la Ley Federal de Juegos y Sorteos, la que tampoco exige la compra de boletos y ya no hablemos del lugar no autorizado, en todo caso, el Palacio debería ser clausurado por llevarse a cabo dentro una Rifa ilegal. Ergo, está normalizándose la corrupción la que pregona abatir San Francisco “el gritoncito”.

Jugadas de la Vida

Ninguna persona en México, ni siquiera por contrato, debe obligar a nadie a la compra de billetes de lotería por 20, 30, 50 millones de pesos, cada uno, tal acto constituye una EXTORSIÓN.

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