EL PAÍS

DANIEL ALONSO VIÑARODRIGO SORIANO

México – 19 SEPT 2022 – 16:26Actualizado:19 SEPT 2022 – La expresión de incredulidad dominaba está mañana el rostro de la gente. A la una de la tarde, Fernando Camarena estaba de nuevo en su puesto de trabajo, en el piso 22 de un edificio de oficinas en el Paseo de la Reforma, en Ciudad de México. “Alerta sísmica. Alerta sísmica”, comenzaron a gritar sin tregua los altavoces de toda la ciudad. Cuarenta minutos después del simulacro que conmemoraba a las 12.19 del 19 de septiembre los devastadores terremotos de 1985 y 2017, se ha dado la alerta para avisar de un sismo de 7,7 grados. El epicentro estaba a 63 kilómetros al sur de Coalcomán, en el Estado de Michoacán, y las réplicas se han podido sentir en la capital y en el centro del país. Las autoridades han reportado un muerto en Manzanillo, en el Estado de Colima. En la capital se han registrado varios desperfectos: árboles caídos, puentes hundidos y edificios en cuyas fachadas han salido grietas de punta a punta.

Camarena y el resto de la gente que bajaba nerviosa a los mismos lugares que antes no se lo podían creer. “Nunca te esperas que algo así pueda pasar el mismo día y a la misma hora”, decía Camarena mientras esperaba apiñado con sus compañeros de trabajo. En 2017, el sismo de 7,1 que tuvo lugar el 19 de septiembre acabó con la vida de 369 personas. Aquel día, horas antes, se había realizado el simulacro para recordar a los fallecidos del terremoto de 1985 (entre 3.000 y 20.000 muertes, según distintas estimaciones), y horas después llegó el terremoto. No sonó la alarma porque no dio tiempo: el epicentro estaba a sólo 120 kilómetros de la Ciudad de México, y la destrucción que acuso la ciudad todavía está presente. De ahí la mirada sorprendida de alguna gente, que no sabía cómo encajar esta casualidad.

En la Colonia Juárez, el edificio rojo que hace esquina entre las calle de Versalles y la calle de Atenas parece haber sido construido hace poco tiempo, con una fachada recién pintada de rojo. Pero el sismo no perdona, y varias grietas surcan ahora su fachada lateral. De hecho, Protección Civil ha rodeado la construcción con una cinta amarilla en la que se lee “prohibido el paso”. El fuerte sonido de la alarma ha dado paso a un silencio sepulcral en el interior y los alrededores de este edificio.

Un limpiabotas que trabajaba enfrente habla de los trozos que vio caer de la fachada y que están esparcidos por toda la acera. “Estaba nuevo, lo acababan de pintar”, cuenta el señor sentado en su banqueta mientras espera a los clientes. En la calle frente al edificio, un hombre asegura que los bomberos han entrado y desalojado el inmueble. “Ya no hay nadie dentro”, asegura el joven. “Trabajo en la calle de al lado y vi como cayeron algunos cristales”, asegura.

“No tengas miedo”, le decía un chico joven a su novia mientras la abrazaba con fuerza. Otro chico, Gabriel, sonríe nervioso cuando se le pregunta por la impresión que le ha causado el terremoto. Cuenta que estaban volviendo a su trabajo cuando han escuchado la alarma. Se ha puesto muy nervioso. “No me lo podía creer, la gente estaba entre sorprendida y nerviosa mientras nos dábamos la vuelta y volvíamos a bajar. ¡Este día está maldito!”, exclamaba Gabriel.

Los bomberos han intervenido en varios puntos de la ciudad. En la Colonia Jardines del Sur, en Xochimilco, los efectivos han retirado un árbol de más de 30 metros de altura que se había derrumbado sobre la calzada. En el municipio de Huixquilucan, en el Estado de México, un punte presenta una grita vertical que ha hundido parte del mismo. La alcaldesa de esa localidad ha anunciado la clausura del puente hasta que pueda ser revisado por la Protección Civil.

Además, la Cámara de Diputados y el Pleno de la Suprema Corte han suspendido sus respectivas sesiones. El presidente de la Mesa Directiva, Santiago Creel, ha asegurado que la actividad será reanudada después de realizar una “revisión estructural del inmueble”.

En la calle, bajo las carpas, los sanitarios tomaban la tensión de varias personas. Este temblor, aunque apenas se ha sentido más allá del cimbrear de las farolas y el balanceo de las lámparas, para muchos es angustioso porque trae de vuelta a la memoria el de 2017, que devastó sobre todo los barrios del centro de la ciudad construidos sobre el antiguo lago: la Roma, Condesa, Centro y Doctores.

En la librería In Tlilli, en el barrio de Roma Norte, Rosa García ha vivido el terremoto de 1985 y el de 2017. Por eso las estanterías de su librería de segunda mano están conectadas unas con otras con unos hierros oxidados, para evitar que los temblores los tiren al suelo. “Ha sido exactamente como en 2017, solo que aquel año la alerta no sonó”, cuenta García. Dice que ella ya está acostumbrada a los terremotos, pero a lo que no consigue acostumbrarse es a la sirena de alerta que suena estridente cuando viene uno nuevo. “¡No se acostumbra uno! Da mucho más miedo que el sismo en sí”, se queja. Todavía no se puede creer que los últimos dos sismos hayan ocurrido el mismo día del año, con unas horas de diferencia, y justo después de los simulacros.

—¿Cree que habría que cambiar la fecha?

—Pues a lo mejor sí, porque así no se puede vivir.