EL PAÍS

INMA BONET BAILÉN

Pekín – 28 DIC 2022 – Pekín, en medio de su mayor ola de contagios desde el estallido de la pandemia de covid-19, está viviendo dos realidades paralelas. Por un lado, la situación en los hospitales es grave, tal y como se temía, y es la razón por la que las autoridades aseguran que extendieron la férrea aplicación de la política de covid cero tanto como pudieron. Pero, por otro, desde el fin de semana, la capital china está dejando estampas de centros comerciales y restaurantes abarrotados de familias que ya han pasado la enfermedad y que, una vez recuperadas, se lanzan a las calles a ver las luces navideñas, a comprar regalos o a disfrutar de pasatiempos como patinar sobre hielo. Esta dicotomía que se aprecia en la urbe capitalina no está muy distante de lo que ocurre en las principales ciudades del país. La mayor preocupación del Gobierno, sin embargo, se centra en las zonas rurales, que ya se están preparando ante un inminente zarpazo de infecciones con motivo de los masivos desplazamientos por las vacaciones del Año Nuevo lunar.

La inquietud se extiende también a otros países. Desde que China anunció la eliminación de las cuarentenas para los viajeros procedentes del extranjero y la renovación de los pasaportes de sus nacionales para que puedan salir al exterior, varios Estados han impuesto o se están planteando aplicar restricciones, en parte por la poca transparencia con la que consideran que Pekín maneja los datos de la pandemia. EE UU ha anunciado este miércoles por la noche (hora española) que exigirá un test negativo a los viajeros procedentes de China. Washington se suma así a Italia, Japón, Taiwán e India, que ya lo habían anunciado, mientras que un portavoz de la UE ha asegurado que la Unión permanece atenta y está lista “para usar el freno de emergencia si es necesario”, informa Silvia Ayuso.

“La situación actual no invita al optimismo. No sé si el pico de decesos lo hemos pasado ya o cuándo lo pasaremos. Lo único que puedo compartir es que la situación es peor de lo que se cree y que mucha gente está muriendo. No diré nada más”, zanja la doctora Jia a través de un mensaje de WeChat. Jia trabaja en urgencias en un hospital de Pekín que, asegura, está saturado. “Tenemos muchos pacientes, muchos de ellos con otras enfermedades subyacentes, que se encuentran en estado grave. Actualmente, los recursos médicos son insuficientes, no tenemos tantas medicinas ni equipos como esperábamos. Estamos muy cansados. Apenas tenemos descansos porque hay una enorme escasez de personal en estos momentos. Venimos a trabajar estando enfermos, pero, aun así, no nos venimos abajo”, describe.

En una publicación que difundió el martes por la noche en sus momentos de WeChat (similar al muro de Facebook), esta médica aconseja a sus contactos con familiares mayores o que padecen otras enfermedades que protejan a sus parientes: “La realidad es que para ver a un doctor hay que esperar, como mínimo, cuatro horas en Urgencias, y quizás hasta un día entero para que te puedan rehidratar. Pero, incluso si lo logran, es posible que el paciente no reciba el tratamiento más adecuado para su enfermedad, porque, aunque se lo quieran recetar, no hay medicamentos. Aunque yo quiera hacer un reconocimiento médico exhaustivo y poner un ventilador, no puedo, porque no hay médicos y enfermeros suficientes. Así que, por favor, cuídense”, ruega en su escrito.

Las semanas más peligrosas en China

Epidemiólogos occidentales alertan de que China está ante las semanas más peligrosas desde el estallido de la crisis sanitaria a principios de 2020. El gigante asiático dio el 7 de diciembre un inesperado y abrupto golpe de timón en su lucha contra la covid, acelerado por una oleada de protestas entre distintos sectores de la población, exigiendo una flexibilización de los férreos protocolos que durante casi tres años han dictado la vida de sus 1.400 millones de habitantes. El cambio, que se ha producido cuando el país ya venía haciendo frente a su mayor brote de infecciones y en pleno invierno, ha provocado un tsunami de contagios que está poniendo a su sistema de salud contra las cuerdas.

El domingo, funcionarios de la provincia de Zhejiang, hogar de 65 millones de personas, anunciaron que el número de casos diarios superaba el millón, mientras que los de la ciudad portuaria de Qingdao, de 10 millones, estimaron que alrededor de 500.000 personas se estaban contagiando cada día. Los datos contrastan enormemente con la versión oficial de la Comisión Nacional de Salud, que en esa jornada dominical publicó solamente 4.103 nuevos casos en todo el país, antes de comunicar que, en lo venidero, dejaría de notificar cifras diarias relacionadas con la covid-19.

A pesar de que el fin de las restricciones vino acompañado de un giro de 180 grados en la narrativa oficialista con respecto a la gravedad de la enfermedad, los medios estatales también están haciendo un llamado a quedarse en casa para evitar la saturación de los hospitales. La celebración del Año Nuevo lunar, entre el 21 y el 27 de enero, es motivo de preocupación para los epidemiólogos chinos, que alertan de que las dos próximas olas de contagios se producirán a causa de los desplazamientos masivos durante las vacaciones. Mientras la ola actual está afectando principalmente a las grandes ciudades, las otras llegarán a las zonas rurales, cuyos sistemas sanitarios son muy deficientes.

La cifra real de muertos

“Estamos atravesando el momento más duro en mis 30 años de carrera”, asevera Zhu Huadong, director del Departamento de Emergencias de Peking Union Medical College Hospital, en un reportaje emitido por la cadena internacional china CGTN. “Más del 75% de los pacientes se encuentran en estado grave, es un desafío sin precedentes”, agrega. EL PAÍS ha podido comprobar este miércoles que en el Hospital de Chaoyang (Pekín) es imposible conseguir una cita en Neumología hasta la segunda semana de enero. En la clínica de fiebre, ubicada en un edificio colindante, había filas de pacientes esperando a ser atendidos. Según se aprecia en las fotografías publicadas por el diario nacionalista China Daily, la unidad de cuidados intensivos de ese mismo hospital está llena de pacientes, en su mayoría ancianos, algunos de los cuales respiran a través de ventiladores.

En los medios estatales, sin embargo, no hay ni rastro de que se esté produciendo un incremento en el número de fallecidos, como ha confirmado personal sanitario y de funerarias a este periódico en las últimas semanas. Oficialmente, China solo ha registrado 5.245 muertes por covid desde el inicio de la pandemia, y apenas una decena desde la reapertura. Las autoridades sanitarias se excusan en que la nueva metodología para contabilizar los fallecimientos es solo reconocer aquellas muertes cuya causa primaria sean neumonías o fallos respiratorios, un enfoque diferente al que se aplica en el resto del mundo y que ha recibido las críticas de los expertos. En contraposición, la organización británica de análisis de datos sanitarios Airfinity estimó la semana pasada que alrededor de 5.000 personas están muriendo a diario y que el número total de decesos podría ascender entre 1,3 y 2,1 millones durante este invierno.