Héctor Torres Maubert


“Mejor morir combatiendo que morir de disentería”

Subcomandante Marcos.

A las 1:45 horas del 1 de enero de 1994, sonó el timbre del teléfono de la XXXI Zona Militar en Rancho Nuevo Chiapas, a doce kilómetros de San Cristóbal de las Casas. El comandante, el general de brigada Gastón Menchaca Arias levanto la bocina.

General, ¿Qué pasa en San Cristóbal? Hay mucha gente… Le preguntaron.

No sé. ¿No es gente que está celebrando el Año Nuevo?

Una hora y cuarto antes unos 800 miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) habían tomado San Cristóbal de las Casas, una de las ciudades de Chiapas, el estado más pobre del país en ese momento. Terminaría el mito de la paz social en México.

Vestían lo que era su uniforme, pantalón verde olivo, camisa café, paliacate y botas de hule; algunos se cubrían el rostro con pasamontañas, todos, de una u otra forma, iban armados. Se hacían llamar zapatistas.

 Miles de hombres armados salieron de la Selva, los Altos y otras regiones de Chiapas, para tomar cinco poblaciones del estado y protagonizar enfrentamientos armados con el Ejército Mexicano. A esos hombres casi todos indígenas, los dirigía un hombre de 1.75 de estatura, diferente a ellos, era de los pocos que tenia la cara cubierta y que estaba armado con un fusil de asalto. El único que no era indígena. Mientras hablaba, se ponía una pipa en la boca por la apertura del pasamontaña, nunca la encendía. Se expresaba siempre con mucha claridad e intelectualmente, se le notaba, que tenía muy buena comunicación con los demás dirigentes del grupo armado, dominaba un par de idiomas, era la voz de ellos. Se hacía llamar Subcomandante Marcos.

Los enfrentamientos entre el EZLN y el Ejército Mexicano, no sólo provocaron muertes de esos bandos. También cayeron civiles, además de policías municipales, judiciales y estatales que cayeron abatidos por las balas de los rebeldes, por ejemplo, en Ocosingo y Altamirano.

Muchos rebeldes fueron ejecutados de forma extrajudicial por miembros de las Fuerzas Armadas como en el Hospital y el mercado de Ocosingo.

De aquellos sucesos trágicos han salido a relucir nombres y números de bajas. Lo cierto es que no se sabe con precisión el número de fallecidos en toda la zona de conflicto.

Los cruentos combates se dieron en Ocosingo donde los miembros del Ejército Mexicano al mando de los generales Luis Humberto Portillo Leal y Juan López Ortiz provocaron varias bajas al grupo rebelde. El Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especial fueron los encargados de la operación.

Si bien cayeron unos 12 militares, por parte del EZLN se registraron unos 34 muertos, 32 desaparecidos y 34 capturados. En este suceso falleció y nunca se recuperó el cuerpo del “Comandante Hugo”, como se conocía al indígena Francisco Gómez Hernández, quien encabezó la toma de Ocosingo. Uno de los municipios autónomos con sede en La Garrucha lleva su nombre.

El otro lugar de los fuertes combates fue en el cuartel militar de Rancho Nuevo, donde las tropas de la comandante Yolanda fracasaron en la toma de esa instalación y sufrieron varias bajas también. Se habla de unos 24 rebeldes muertos por 5 del Ejército Mexicano.

 En esos primeros días las cifras de muertos se minimizaron según los intereses de cada bando.

En febrero del 2004, el subcomandante Marcos del EZLN (hoy llamado Galeano), reseñó que, en los combates de Ocosingo, el 3 y 4 de enero de 1994, tuvo 34 bajas de combatientes muertos en combate dos zapatistas murieron en los hospitales de campaña y los otros 32 fueron reportados como desaparecidos en combate.

El levantamiento zapatista de 1994 ocurrió inesperadamente, pero sus causas eran muy profundas. Se enraízan en las desigualdades y en las opresiones que sufren los pueblos indígenas desde hace mucho tiempo.

La guerra duró escasos 12 días y después, por presión de la sociedad civil mexicana, y de gobiernos extranjeros, se impulsó la vía del diálogo en San Cristóbal de las Casas. En marzo se desarrollaron los diálogos con el Gobierno Federal y tuvieron resultados. Sin embargo, por cuestiones políticas ese mismo año se celebraban elecciones presidenciales, todo se empezó a tergiversar, de tal manera que el diálogo no llegó a los acuerdos fundamentales. A partir de allí se inició una larga historia de enfrentamiento político del EZLN para cumplir sus demandas: una transformación radical de la sociedad, demandas muy básicas como educación, trabajo, salud, vivienda, y en última instancia, una petición fundamental: queremos vivir.