Juan Manuel López García.

Solzenitsyn dice de un personaje en una de sus novelas: “Tenía el mayor amor y consideración posible por la humanidad, y por eso mismo odiaba a cualquier ser humano que afeara ese ideal tan horriblemente” de eso me resulta inconcebible que cualquier líder provoque improperios contra los semejantes y más aun cuando es el jefe de una nación. Ahora en un México que está dividido, herido, dispersado. Dios establece, en la múltiple maravilla de su poder, células de gracia para unir y reconciliar y sanar como signo de su presencia actual y de su voluntad de salvar.  

Los seres humanos, desde nuestros inicios en este planeta, no siempre hemos medido el tiempo y tardamos mucho más en ponernos de acuerdo entre todos, para tener un mismo horario y calendario. Nos siguen causando impacto los ciclos del tiempo, en especial el conteo de los años y con ello la llegada de este 2023, tan esperado y por celebrar en el mundo. Dentro de unas horas en su mayoría 8 mil millones de personas estaremos atentos (según horarios que corresponden a cada zona geográfica) a la llegada del año nuevo y por ello celebrar con familiares y amigos, una costumbre más de estas fechas que nos identifica sin distinción a la humanidad.

Medir la secuencia de eventos desde su origen hasta su fin, ha sido tan significativo para el desarrollo de la humanidad, que gracias a ello nos ha permitido ordenar sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, presente y futuro, para así entendernos, en cuanto a nuestra historia, los hechos de ahora y las posibilidades venideras. Es así que podemos establecer la duración de acontecimientos, gracias a las observaciones que se han hecho del cielo, principalmente a los movimientos de nuestro planeta en relación con los astros que tenemos más cercanos, en el que por eso se han establecido las mediciones básicas como; un año, al periodo que tarda La Tierra en completar una órbita alrededor del sol. Un mes, lapso que tarda la Luna en girar alrededor de nuestro planeta. Una semana, duración de dos fases de la Luna. Un día, lo que tarda en rotar la Tierra sobre su propio eje.

Desde hace 3 mil años A.C. se tienen vestigios que los chinos ya tenían formas de medir el tiempo, pero la influencia más importante en nuestros días es la que hicieron los egipcios también A.C. con la invención del reloj de Sol y por lo que se estableció el calendario Juliano, que es la base del actual llamado Gregoriano, que nos rige desde el siglo XVI. Aportación que igualmente fue importante como la invención del reloj mecánico en el siglo XIV. Sin embargo, aunque actualmente podemos establecer el concepto de tiempo como la magnitud física con la que se mide la duración o separación de acontecimientos, aún no es posible que tanto científicos como filósofos se pongan de acuerdo para dar una explicación desde estos ámbitos. Lo que se ha dicho es que se formó con el Bing Bang, desde hace 15 mil millones de años.

Para entender los ciclos importantes para el ser humano, como es la llegada de los años nuevos que conforman el tiempo, es importante darnos cuenta de las aportaciones de Aristóteles, Newton, Einstein y Hawking. Como los que mencionan como preponderante al movimiento, a las etapas que no poseen realidad propia salvo las que les damos los humanos, que no puede estar separado de las tres dimensiones, así como depende del observador. Aunque no les ha sido posible establecer si el origen del tiempo es interno o externo, y si es absoluto o relativo. Después de todo, somos seres vivos que dependemos de ciclos y que gracias a ello nos permite organizarnos y definir nuestras sociedades y rutinas.

El ideal soñado es de este escribidor la vida compartida en la sociedad, que de lo obtenido en este año que culminó queden superadas los rencores, el desdén por las causas ajenas a uno, que provocaron llanto en quienes las padecieron, que estoy cierto existen amigos de verdad, de los que en lo personal recibí ayuda en momentos lóbregos, que ni tardos estuvieron ante mi llamado de auxilio, que son los menos, pero que valen más que un batallón, va por ellos mi perenne gratitud y sepan que siempre contarán conmigo. Son un signo, una garantía, una parábola, mediatizan sus acción, y les abrazo y tengamos todos un feliz año desde todos los rincones, que por ello reúne a la familia, siempre con la expectativa de un futuro mejor, que a pasear de los vaivenes doy gracias enormes por lo que vivimos.

Jugadas de la Vida.

Si las capas de hielo y glaciares en la Tierra se derritieran, el nivel del mar se levaría 260 pies. Londres y Los Ángeles quedarían bajo agua.