EL PAÍS

ANTONIO ORTUÑO

La suya es una historia de delito que comenzó en la adolescencia. Lo identificaron como un incontenible líder criminal ya en 2007, con apenas 18 años de edad a la espalda. Protagonizó una ola de robos, secuestros y asesinatos que asombró al estado de Chihuahua. El exceso de fama trabajó en su contra y se encontraba preso desde 2009. Pero este domingo, 1 de enero, se fugó del Cereso 3 de Ciudad Juárez, junto con 24 reos más, durante un operativo de rescate digno de una película, con un tiroteo masivo incluido, que dejó diecisiete muertos tras de sí, diez de ellos custodios de la institución.

Ya en agosto pasado se había producido un motín en el penal, junto a una serie de acciones de distracción coordinadas por toda la urbe (tiroteos e incendios de tiendas de conveniencia), cuya finalidad era impedir su traslado a un reclusorio federal e, incluso, liberarlo. Aquella jornada de fuego y balazos, conocida a la postre como el “jueves negro”, causó once víctimas mortales. Ahora, menos de cinco meses después, su inspirador está de nuevo en las calles.

Se llama Ernesto Alfredo Piñón de la Cruz, hoy tiene 32 años de edad. Le dicen El Neto y no se trata de un presidiario cualquiera, sino del líder de Los Mexicles (también conocidos como Fuerzas Especiales Mexicles), banda criminal a la que se responsabiliza de atizar, como casi nadie más, la violencia en Juárez. No, no cualquier reo tiene 1,7 millones de pesos en efectivo en su celda, como él, ni cuenta con las comodidades de VIP que se fueron encontradas por las autoridades, ahora, en el área que ocupaba antes de su evasión.

Piñón fue arrestado, en su día, por varios cargos de homicidio y al menos 30 secuestros y encaraba una condena acumulada de 224 años. Se le recuerda como un jefe implacable, que ordenaba el envío de cabezas de sus víctimas, en hieleras rotuladas con las siglas FEM. La hemeroteca no ignora, además, que en 2010, un día antes de que se emitiera la sentencia en su contra, unos secuaces trataron de liberarlo, al atacar el convoy en que era trasladado a la audiencia. Pero ese día, El Neto cayó herido y la acción fracasó. Hoy, tras el éxito de su nuevo intento de fuga, su condena ha quedado, inesperadamente, en suspenso.

El grupo al que encabeza, Los Mexicles, una banda formada, entre otros, por antiguos pandilleros deportados desde los Estados Unidos, han sido considerados, en diferentes épocas, un brazo operador del cártel de Sinaloa, aunque, según algunos reportes, parecen haberse cambiado de bando hacia el cártel de Juárez en tiempos recientes. Comenzaron sus andadas con atracos, plagios y extorsiones, pero, con Piñón ya en la cárcel, pasaron a involucrarse en el narcomenudeo y las luchas entre cárteles.

El Neto quedó al frente de la banda en sustitución de Jesús Eduardo Rodríguez Soto, El Lalo, preso también desde 2009, pero que fue trasladado al Cefereso 15, ubicado en Villa Comaltitán, en el Estado de Chiapas. Desde atrás de las rejas operó toda clase de actividades criminales en la ciudad. También encabezó luchas por el control del penal, enfrentándose con la banda conocida como Los Aztecas, que derivaron en motines y disturbios en 2011 y 2019, con saldo de 17 y 26 muertos en cada ocasión.

El secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, anunció que un dispositivo de casi mil elementos, entre Ejército, Guardia Nacional y policía estatal, se encuentra en busca de Piñón. Lo indudable es que su fuga no ayuda a cambiar la percepción de que el combate contra la inseguridad en México no lo está ganando el Gobierno.