Cipriano Miraflores

El gobernante no debe temer las conspiraciones de sus opositores si sigue la regla básica de la estabilidad política: estar atentos a la satisfacción del pueblo y de los poderosos. Tener contentos a estas dos categorías sociales es una norma básica de la operación política.

 Enfrentar al pueblo o a los poderosos la prudencia marca que ni pensarlo. Enfrentar las necedades del pueblo en ciertos momentos del gobierno, requiere de una operación política eficaz, el pueblo es sensible y solo por esta verdad será posible poder modificar su conducta respecto a las políticas de gobierno, la persuasión y no la fuerza es el medio adecuado para la relación con el pueblo.

Habría que recordar que el pueblo es igual a los niños, es caprichoso, egoísta, demandante, regularmente cambia de parecer de momento, es más voluntad que razón.

 A los poderosos si no hay de otra para enfrentarlos solo vale la fuerza, pues estos en la defensa de sus intereses no entienden de la persuasión, en toda negociación con ellos, la condición del gobierno es mostrar el músculo correspondiente. La actualidad esta tesis de Maquiavelo no puede ser más certera ante el fortalecimiento de las demandas del pueblo y de la hegemonía constante de los poderosos capitalistas y de sus Estados, que han acogido con gusto la nueva época del proteccionismo estatal.

Respecto la relación con los poderosos es necesario, nos recuerda Maquiavelo, considerar a los que están dispuestos a unir su suerte a la del gobernante y los que no lo están. A los primeros, a condición de que no sean voraces, habría que honrarlos y tenerlos en alta estima, así como amarrar en buenos términos lo negocios que dentro de los términos legales se pueden hacer.

En el caso de los segundos, es necesario hacer la distinción entre los pusilánimes y los ambiciosos. A los pusilánimes es posible integrarlos en los asuntos del gobierno, su propia pusilanimidad lo hace posible, en cambio, a los ambiciosos más vale considerarlos como oponentes a fondo, incluso considerarlos enemigos del Estado.

Se entiende que este ejercicio de operación política hay desarrollarlo con sumo espero y teniendo en cuenta todo el proceso de la operación política. A los enemigos del Estado, vale los instrumentos de la Razón de Estado pues no basta con las de la política.

Otra regla maquiaveliana es que la fortaleza del gobierno se puede encontrar mejor en los recién incorporados al gobierno que los que acompañan al gobernante desde el principio. Los recién integrados serán más esforzado de su lealtad y trabajo hacia el gobernante, puesto que hacen todo lo posible por desvanecer su mala opinión de inicio, por el contrario, los amigos de siempre llegan a creer que ya hicieron lo necesario y creen merecer mucho por la longevidad de la amistad, muchas veces la traición nace de ellos y no de los recién incorporados.

Los más destacados de la sociedad es más fácil incorporarlos en todo tiempo, en cambio, a los amigos de siempre no siempre es fácil deshacerse de ellos en caso de no estar rindiendo lo suficiente en las labores de gobierno.

 Asimismo, vale considerar otra regla básica para la estabilidad de los gobiernos, que consiste que vale más incorporar al gobierno a personas por la nobleza, carácter y del modo de gobernar del príncipe, fundamentalmente por sus propósitos, que por favores o dinero.

La construcción de un gobierno por pago de favores o por dinero, es la manera más fácil de crear inestabilidad y corrupción, es construir un gobierno sobre arena. Los lazos creados por los favores y por el dinero son muy fáciles de distorsionarse, esta es una verdad.

 La estabilidad de los gobiernos, respecto a los colaboradores, amigos o recién incorporados, es necesario inculcarles que todo se puede acabar si no tienen la disposición necesaria en el trabajo, la disciplina y de la lealtad al gobernante, esta consideración se hace considerando a los hombres que se mueven por interés, necesidad y miedo.

 En este caso, manejarles estos sentimientos para lograr la estabilidad del gobierno es uno de los aspectos del oficio político. El juego de la conveniencia de los colaboradores es uno de los aspectos en que se debe preparar el gobernante, no controlar y manejar a sus colaboradores es el principio de decadencia para cualquier gobierno.