EL UNIVERSAL

María Cabadas 

El folclor, la variada gastronomía, la amplia oferta cultural, los artistas y mariachis y los grandes pintores y muralistas que distinguen a México en el extranjero fueron opacados desde hace tiempo por la violencia y la narcocultura.

Nuestro país también es visto como hacedor de capos del narcotráfico y su narcocultura, que se ha enquistado en la sociedad a través de series, películas, videojuegos, telenovelas, corridos y en la arquitectura, entre otros, coinciden en señalar especialistas en seguridad, sociólogos y organizaciones civiles.

Consideran que la narcocultura también se expresa en un estilo de vida ostentoso, en la moda, en el consumo ilimitado y sin freno, la adquisición de marcas exclusivas, de vehículos de lujo, joyas de alta gama. Estar presente en los grandes eventos del espectáculo y el deporte, la forma de relacionarse en redes sociales. Porque es vista como un modelo, rápido e impune, de movilidad social.

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“En la década de los 90 solía decirse que había que evitar que México se colombianizara por los eventos de alto impacto, producto de la narcoguerra que vivía Colombia por los distintos grupos del narcotráfico. Pero esta situación de imagen internacional negativa que tenía ese país en esos años es la que tiene nuestro país actualmente”, dice David Saucedo, experto en seguridad.

En entrevista con EL UNIVERSAL, asegura que como Colombia en los 90, desde hace varias décadas México es percibido a nivel internacional como un modelo de política, poder… y narcotráfico.

“Ahora en muchos países lo que se busca es diseñar políticas para evitar la mexicanización de sus naciones y de sus habitantes”, comenta el experto.

Explica que la narcocultura surgió como un modelo de vida, como un conjunto de valores y un esquema aspiracional para varios jóvenes de bajo nivel socioeconómico, que encuentran en la actividad del narcotráfico una movilidad social.

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Con la captura de Ovidio El Ratón Guzmán circularon en redes videos de tres niños jugando a ser integrantes de un grupo criminal con un narco retén.

El 9 de enero pasado se difundió un video del zaguero de Cruz Azul, Julio César Cata Domínguez que desató una polémica por una fiesta para celebrar el 13 cumpleaños de su hijo, en la que los menores estaban ataviados a la usanza de narcotraficantes.

Los pequeños portaban armas de juguete y gorras con las iniciales JGL, en alusión a Joaquín El Chapo Guzmán o con la leyenda Chapiza, como se les llama a los familiares del narcotraficante.

Para José Luis Velasco, académico del Instituto de Investigaciones Sociales (ISS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la narcocultura, así como las actividades que realizan los grupos de narcotraficantes se han normalizado a lo largo y ancho del país.

“En nuestro país ya está más que normalizada esta violencia y narcocultura. Los narcotraficantes impresionaron a la gente que admira no sólo ese tipo de cultura, sino que la entiende. Esa violencia espectacular, simbólica, semiótica, incluso artística, es una de las vías por las que se crea y se mantiene la verdadera narcocultura, la cultura del crimen”, dice.

José Luis Velasco está convencido de que la narcocultura es un fenómeno difícil de erradicar en México, pues ha sido un proceso largo de aprendizaje social.

“No son pocos los muchachos que quieren ser como Caro Quintero, El Chapo, Ovidio o El Mayo Zambada, sobre todo los que no tienen las herramientas ni las oportunidades sociales para seguir adelante, como la educación”, agrega.

La presidenta de la organización civil Causa en Común, María Elena Morera, comenta que los narcocorridos, las narcoseries y la narcoarquitectura “dan un mensaje que ser narco es sinónimo de fortaleza y mucho poder, cuando en realidad quienes se dedican al crimen organizado o terminan en la cárcel… o muertos”.

“Es una desgracia que no existan campañas sobre todo enfocadas a nuestras infancias y adolescencias, para decirles que los narcotraficantes se dedican a matar y a producir adictos a las drogas. No creo que se erradique esta narcocultura, porque además de estar muy arraigada, no existe ninguna política para eso”, sostiene Morera.

El académico de la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en temas de seguridad, Édgar Ortiz Arellano, asegura que los medios informativos también han contribuido, al igual que los narcocorridos o las narcoseries, por ejemplo, a enquistar la narcocultura en el país.

“Pareciera que el ser narcotraficante es una actividad viable para muchas personas que aspiran a una mejora económica o a una movilidad social”, expresa.

Y expone: “México fue conocido por su liderazgo político en Latinoamérica, por su cultura y pasado histórico, por su alegría, por su colorido y su hospitalidad, entre otras cosas”.

Ortiz Arellano agrega que “esto ya fue sobrepasado por esta narcocultura que promueve el odio, la violencia, el ascenso económico fácil: Desde los niños hasta los adultos han sido permeados por esta forma de contemplar el país y la vida misma”.