Blanqueamiento de piel, estereotipos y ‘brownface’: las constantes prácticas racistas en la industria audiovisual mexicana

EL PAÍS

ANDRÉS RODRÍGUEZ

México – 07 JUN 2023 – “La gente no es consciente de que somos racistas. Porque el racismo en México está tan metido en nuestras prácticas del día a día que es muy difícil verlo, es muy sutil. Todos somos racistas en menor o mayor medida de alguna forma”, afirma la actriz mexicana Vania Sisaí Rodsán. El país cierra los ojos, pero siempre ha estado ahí, desde la esfera pública hasta en los lugares más privados. Está en el lenguaje, en frases como “no te asolees tanto, no te vayas a poner prieta” o “¡Ay, que bueno que tu niño salió güerito!”; o en las prácticas. El contexto y los actores cambian, pero los titulares se renuevan cada tanto, ya sea por discriminación en un restaurante por el tono de piel o por ciertos estereotipos de marketing que representan negativamente a algunos de sus ciudadanos.

Uno de los casos más recientes es atribuido al conductor de televisión Patricio Borghetti, durante el programa Venga la alegría, cuando entrevistó a la actriz estadounidense Halle Bailey, quien se encontraba en México para promocionar la nueva adaptación del clásico de Disney La sirenita. Desde el anuncio que la protagonista de la versión original animada de 1989, una joven blanca y pelirroja, iba a ser interpretada por una actriz negra, la compañía fue objeto de críticas por una supuesta “inclusión forzada”.

Durante el segmento televisivo, Borghetti, a modo de “cumplido” —según aclaró en su cuenta de Twitter—, le dijo a la actriz lo siguiente: “Esta no es una pregunta, es algo que te quiero compartir, te lo prometo. Nadie de los que estábamos en esa sala ayer estábamos viendo el color de tu piel, todos, incluida mi mujer y mis hijos, estábamos perdidos en tus ojos, todos”. Miles de personas no tardaron en reaccionar, calificando al conductor de “xenófobo” y “poco preparado”, y lo que él llamó como “palabras de amor”, para muchos, en realidad, fue una “microagresión”.

Otro caso es el reciente estreno de la película ¡Que viva México!, de Luis Estrada, a la que su creador considera una sátira de la mexicanidad, de la que no se salva ni el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, la película ha sido tachada de clasista y racista. Entre ellos se encuentra el reconocido crítico Alonso Díaz de la Vega, de la revista Gatopardo, en cuyo texto afirma que el director tomó sus personajes caricaturizados para crear “una película de tres horas cuya argumentación es casi tan ofensiva por su pobreza estética como por su racismo, clasismo y transfobia”.

Un fotograma de la película del director mexicano Luis Estrada, ‘¡Qué viva México!’ (2022).

Un fotograma de la película del director mexicano Luis Estrada, ‘¡Qué viva México!’ (2022).

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Como si estuviera preparado para este tipo de comentarios, Estrada dio días antes de su estreno, en entrevista con EL PAÍS, esta respuesta: “la corrección política, que en muchos casos, por supuesto, tiene reclamos muy justos, se está exagerando. Se está encorsetando la libertad de expresión con tal de no lastimar a muchos sectores que efectivamente no se deben de lastimar, pero que tampoco se deben dejar de lado porque hay que entender que la crítica y la provocación son una tradición de las artes. Tenemos que reírnos de nosotros mismos”.

Para José Antonio Aguilar Contreras, director de RacismoMX, las expresiones culturales, como el cine, el teatro y la televisión, son la punta del iceberg de esta problemática y tiene que ver con las personas que están en las posiciones de poder. “Las personas blancas normalmente están colocadas en los niveles socioeconómicos más altos y sobre todo por una mentalidad de blanquitud. Entonces en ese sentido, pues duele reconocer el racismo, porque sería reconocer los privilegios de estas élites”, afirma el responsable de la asociación civil que combate el racismo mediante la educación, la investigación y la divulgación.

A esto, Sisaí Rodsán, que también forma parte del colectivo Poder Prieto, complementa: “mucha gente niega y te dice “yo no soy racista”. Pues sí, a lo mejor en sus prácticas, pero no basta con no ser racista. Hay que ser antirracista. Hay que luchar contra este sistema porque al final de cuentas es un sistema donde todos vivimos”.

Otra práctica dentro de esta línea es el blanqueamiento de piel con herramientas de retoque digital. Como parte de la campaña promocional de la serie Horario estelar, muchos usuarios en redes señalaron que la piel de Maya Zapata, una las actrices del elenco, se veía mucho más clara de lo que es en su afiche promocional. Se le cuestionó, incluso a la misma actriz —ya que forma parte del colectivo Poder Prieto—, que no haya levantado la voz contra esta práctica. En un tuit ella dijo “Si supieras que fue lo primero que les dije cuando me tomaron esas fotos: No me vayan a blanquear como en el póster de la película de Soy tu fan, les pedí encarecidamente, pues es la misma plataforma”.

Aguilar dice que entabló comunicación con Disney sobre el tema y a pesar del pedido de Zapata, sí se intervino el cartel con muchos filtros en postproducción que la hicieron ver más blanca. “Estamos viendo de qué manera poner ciertos controles a ese tipo de prácticas y la empresa, en particular, se mostró muy abierta a este tipo de cambios. La reunión para ver este tema en particular fue muy satisfactoria”, precisa el director de RacismoMX.

Sisaí Rodsán cree que cuando este tipo de situaciones surgen debería ser una responsabilidad compartida, porque en la mayoría de casos las productoras, las que toman las decisiones importantes cuando un producto sale a luz, “no dan la cara”. “La industria debería hacerse responsable cuando cometen estas equivocaciones. Todos estamos aprendiendo. No es que nosotros un día despertamos y decimos que sabemos todo sobre el racismo. O sea, vamos aprendiendo y esto es un constructo, como la sociedad, es un conflicto. Podemos irlo creando juntos y lo importante es abrir el diálogo”, agrega la actriz.

Lo opuesto sucedió en La cabeza de Joaquín Murrieta, con el oscurecimiento de piel de los protagonistas Juan Manuel Bernal y Alejandro Speitzer. La práctica conocida como brownface (cara marrón, traducida del inglés) es cuando una persona blanca o de tez clara intenta pasar por alguien de piel morena. Es una derivación del blackface, cuando actores blancos se pintan la cara de negro para caricaturizar a una persona negra.

“Como no quiero contratar actores prietos, actores morenos, pues entonces los pinto de café a los que tenga’. Este señalamiento se hizo desde muchas cuentas en Twitter”, cuenta Contreras y explica que, al igual que Disney, hubo apertura por parte de Amazon para hablar sobre el tema. De donde vino la resistencia es por parte de los actores que forman parte de esta producción.

Ante los señalamientos, Speitzer respondió en la alfombra roja de la serie sobre las acusaciones de oscurecimiento de piel que usuarios en Redes y Poder Prieto le hicieron. Él respondió a los periodistas presentes: “¿Ustedes vieron la serie? Ellos tampoco [Poder Prieto]. No sé puede ejercer una opinión si no saben de qué va la serie. Los personajes están en 1850, llenos de tierra, expuestos al sol… Ahí está la respuesta”.

“Son prácticas racistas, el hecho de pintar la piel de un actor o cambiarles de rasgos. Hay muchas cosas que son parte de la caracterización, pero el color de piel en específico no es parte. Justo ahí es donde radica el problema. Si necesitas gente que cumpla una cuota de tono de piel, pues contratas a alguien que tenga ese tono de piel”, responde Sisaí Rodsán.

Uno de los problemas, según Aguilar, pasa también por las personas racializadas, aquellas que rechazan a sus iguales y actúan de forma racista, afirmando que no hay racismo porque a ellos no les ha pasado. O que los que denuncian esta problemática son “resentidos” o “envidiosos”. “El reconocerse persona racializada, morena, prieta, negra, indígena, afrodescendiente y aceptar que esa condición hace que vivamos experiencias de violencia, de discriminación, genera dolor. Considerando que México es mayoritariamente moreno, aún hay personas que caen en la negación constante del racismo”, añade el director de RacismoMX.

Aunque en Estados Unidos parece haber una apertura de la industria audiovisual hacia la diversificación y contar con artistas latinoamericanos y mexicanos en papeles protagónicos, la activista de Poder Prieto ve que en el país aún no existe una cuota real de pantalla inclusiva y que todavía no se puede hablar de inclusión. “Apenas estamos poniendo los temas sobre la mesa para que no se repitan estos modelos violentos, donde los prietos o morenos seguimos replicando los mismos personajes, donde somos pobres, salvajes, sucios y donde solamente representamos a un tipo de personas”, afirma la actriz.

A pesar de que los movimientos contra el racismo existen desde hace mucho y que el debate sobre la apertura hacia historias inclusivas, interseccionales y con enfoque de género comenzó hace unos años, distintas producciones que ahora vemos en la pantalla aún no han tenido el cambio de chip. “Esperemos que en los próximos años, en un futuro cercano, ya se empiece a ver ese vuelco, ese cambio. Vemos a actores y actrices afrodescendientes, indígenas o de piel morena con mucho talento, pero no han tenido las oportunidades para ser consideradas. Y a pesar de que estén, tampoco son tomados en cuenta por las y los productores. Si tienes una sociedad desigual, solamente unos cuantos van a poder estar ahí y argumentar que son los que tienen talento, cuando en realidad no”, finaliza el director de RacismoMX.