Juan Manuel López García.

Las clases medias de todos los niveles y colores, intelectuales, mujeres que han sido agredidas, que les han secuestrado a sus hijos e hijas, que los han matado, que han sufrido feminicidios y que son de todas las clases sociales y que desde Palacio no les hacen caso, estudiantes y profesores (la investigación científica y humanista la han registrado). La cultura tampoco es tema actual, ambientalistas que luchan por las energías limpias, médicos y enfermeras sin medicinas para atender a la población, desean un sistema de salud digno, ya no como el de Dinamarca, pero digno para los mexicanos. Algunos estados del país están en manos de ¿Quién? ¿Y por qué no se hace nada?

El sociólogo noruego Johan Galtung, padre de la investigación moderna sobre la paz, nos ha legado entre muchas otras cosas su clasificación de las violencias. El también matemático nos dice que hay tres tipos de violencias: la directa, la estructural y la cultural. La violencia directa es aquella que desata un individuo o un actor identificable plenamente contra otra persona o grupo de personas, entre las que cabe desde la discriminación, humillación y bullying hasta el maltrato, tortura o el homicidio. La violencia estructural que es más difícil de atribuir a alguien es específico, porque son condiciones dadas o toleradas por instituciones o figuras de poder, pero que tienen un impacto en el desarrollo del individuo, limitan y acota su libertad. Y la tercera es la violencia cultural, es decir, la tolerancia y legitimación social al uso de cualquier tipo de violencia por creencias, por prejuicios alimentados con bases falsas.

¿Por qué recordar esta tipología? Porque bajo esta óptica podemos analizar con mayor fidelidad a la comunicación gubernamental en México. ¿En la comunicación de las autoridades mexicanas hay violencia directa en sus discursos o en sus mensajes?

¿Existe una estructura o andamiaje formal de la autoridad para, a través de la comunicación atacar a algún individuo o a algún grupo de la sociedad? Una más ¿Estamos ante una práctica pública estandarizada que busca legitimar la violencia en los mensajes de la autoridad? Mi respuesta a estas tres preguntas es Sí. De tres, tres.

Sabiendo esto ¿debemos normalizar el financiamiento público a modelos y estrategias comunicativas de la autoridad que generan abiertamente violencia? Si permitimos que continúen, normalicen y que legitimen estas prácticas violentas desde el poder nos enfilamos peligrosamente a condiciones propias de regímenes pro fascistas donde no se permite el disenso y se proscribe la pluralidad.

Los ciudadanos no debemos permitir los procesos regresivos alentados desde el poder y financiados con los impuestos. Debemos convocar a nuestros representantes populares para evitar que violencias directas y estructurales y culturales se vuelvan en cotidianidad.

Entre otras muchas cosas, en el Quinto Informe AMLO afirmó: “Hay justicia y tranquilidad social y se avanza hacia la erradicación de la violencia. […] ¿Cuál ha sido la clave para lograr todos estos resultados? […] el no permitir la corrupción. […][El Tren Maya] obra de mil 554 kilómetros, es la más importante del mundo, no solo en lo constructivo, sino también por su dimensión ecológica, turística y cultural. […] Antes de irnos vamos a lograr la autosuficiencia energética; ya paramos la caída de 15 años consecutivos en la producción de petróleo […] la Comisión Federal de Electricidad […] garantiza[rá] este servicio a todos los hogares de México sin que ello signifique un incremento en las tarifas de luz, en términos reales. […] Antes de que termine mi mandato, el sistema de salud pública va a ser uno de los mejores del mundo.

En materia de seguridad pública está funcionando bien nuestra estrategia de atender las causas de la violencia con el criterio de que la paz es fruto de la justicia. Los delitos del fuero federal se han reducido en 22 por ciento; el homicidio en 17 por ciento; el robo en 25 por ciento; el feminicidio en 38 por ciento; el robo de vehículo en 43 por ciento y el secuestro en 79 por ciento. […] En fin, en vez de militarizar al país como sostienen nuestros opositores, estamos dejando de manifiesto que los marinos y los soldados son pueblo uniformado: trabajadores leales y patriotas. […] tampoco existe hoy en México un narco Estado como lo padecimos”.

Ergo, no me asumo como opositor, sino como un simple ciudadano que no logra reconocer a México a través de este discurso como un país de ensueño.

X:@Juanmalogar

Jugadas de la Vida.

Poncio Pilatos nació en Escocia.